Acaso me ha conmovido el suceso de Oslo hasta el punto de reengancharme a este blogg cuando ya lo había dado por muerto y enterrado?. Toda muerte jóven, máxime no natural, conmueve; pero puedo asegurar que el hecho no me ha sorprendido.
Una sociedad pequeña, bastante aislada, en clara situación de bienestar material, en trance de desespiritualización galopante, con bajo índice de natalidad y cada día más requerida por otras pieles más oscuras y culturas exóticas...camina hacia el miedo, a la despersonalización, a su final.
El complicado personaje ejecutor de la matanza ha actuado movido por el odio; no me cabe duda; pero no es el odio la causa última de la barbaridad. El odio no es sino subproducto de la inseguridad a que el complejo de inferioridad (el miedo) arroja a quien acaba por ser un asesino incomprensible.
El hombre es un animal social y depredador.
El hombre se socializa primero en un grupo familiar poco numeroso; después en un clan todavía familiar para acabar sintiéndose al amparo de una tribu en la que vive compartiendo intereses y creencias. Las tribus se asocian manteniendo vínculos que las interconectan. Los territorios se van ampliando y los vínculos relajando, y así llega a adquirir una dimensión que se considera óptima para el logro de los fines comunes propuestos.
Cuando el territorio se ha ampliado hasta prácticamente desaparecer los iniciales vínculos afectivos entre sus habitantes, éstos se aferran a unas creencias, mitos y sentimientos aceptados como comunes y definitorios; identitarios.
La presencia creciente de gentes extrañas que resultan cada vez de más difícil asimilación , crea tensiones entre autóctonos y extraños tenidos por invasores, y se requiere del que ostenta la dirección del grupo que acabe con lo que se ve como un problema de sobrevivencia de lo común, del bienestar alcanzado, sin consideraciones morales o de pura justicia. La globalización y la multiculturalidad resultan muy bien como teorías en el laboratorio socialistizante, pero no en la realidad social.
Los individuos más débiles cultural o moralmente son invadidos por el miedo, por la inseguridad, por el odio: situación muy favorable para un ataque fulminante de un depredador que se siente acorralado.
¿Es este el caso noruego?. Me inclino a pensar que sí. Maxime visto desde esta Expaña diluída a manos de unos mininacionalismos identitarios, nacidos en el odio secretado por la inseguridad en los propios míticos cimientos culturales.
Si yo no soy yo ¿quién soy?.
Si ya contigo no voy
juntos como hemos venido,
yo ya no soy lo que he sido.
Si yo ya no soy...¡muerto estoy!.
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El hombre es un animal social y depredador.
El hombre se socializa primero en un grupo familiar poco numeroso; después en un clan todavía familiar para acabar sintiéndose al amparo de una tribu en la que vive compartiendo intereses y creencias. Las tribus se asocian manteniendo vínculos que las interconectan. Los territorios se van ampliando y los vínculos relajando, y así llega a adquirir una dimensión que se considera óptima para el logro de los fines comunes propuestos.
Cuando el territorio se ha ampliado hasta prácticamente desaparecer los iniciales vínculos afectivos entre sus habitantes, éstos se aferran a unas creencias, mitos y sentimientos aceptados como comunes y definitorios; identitarios.
La presencia creciente de gentes extrañas que resultan cada vez de más difícil asimilación , crea tensiones entre autóctonos y extraños tenidos por invasores, y se requiere del que ostenta la dirección del grupo que acabe con lo que se ve como un problema de sobrevivencia de lo común, del bienestar alcanzado, sin consideraciones morales o de pura justicia. La globalización y la multiculturalidad resultan muy bien como teorías en el laboratorio socialistizante, pero no en la realidad social.
Los individuos más débiles cultural o moralmente son invadidos por el miedo, por la inseguridad, por el odio: situación muy favorable para un ataque fulminante de un depredador que se siente acorralado.
¿Es este el caso noruego?. Me inclino a pensar que sí. Maxime visto desde esta Expaña diluída a manos de unos mininacionalismos identitarios, nacidos en el odio secretado por la inseguridad en los propios míticos cimientos culturales.
Si yo no soy yo ¿quién soy?.
Si ya contigo no voy
juntos como hemos venido,
yo ya no soy lo que he sido.
Si yo ya no soy...¡muerto estoy!.
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