miércoles, 9 de noviembre de 2011

Escurrimbles del alma.

Tras un tiempo de autocensura, en el que me faltó majeza para refrenar los empujones que hacia este rincón el corazón me daba, lo que me sumía en un estado de ansiedad que he querido olvidar por carencia de fuerzas para superarlo, he decidido entreabrir la puerta (siquiera sólo una rendija por donde asomar la nariz a un mundo que por ser muy mío me causa dolor y placer al tiempo) a la ordenación de letras, sílabas, palabras y frases que pinten de color mis sentimientos y mis ideas y, tras irisarlas a su capricho, las vayan dejando caer sobre este papel tan irrealmente cierto y comprobable como mi propia existencia de hombre atemporal.
No quiero, por tratarse de un reestreno y para no caer en los vicios insoportables de todos los regresos, extenderme más. Sólo pasar la mano por el seco pezón (más tetón ) de la vida de jubilado e irme con lo que salga por los cerros de Ubeda de la siempre consoladora poesía, siquiera sea de pésima calidad literaria.Ya diré en otra ocasión, que sin duda la habrá.

.-Siempre Mercedes-.

De la mano de Dios
vine a este mundo;
y la mano de Dios
me hizo fecundo.

De la mano de Dios
llegué a tu lado;
en la mano de Dios
yo te he amado.

De la mano de Dios...

Y en el seno de Dios
te esperaré esperanzado.
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El mar en el cielo azul
se mira como en espejo...
y en el mar te bañas tú
como del cielo un reflejo.
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Flaco, hincado de hinojos
ante nuestro Padre Eterno,
un ruego firme se eleva
del alma en lo más interno,
que en su haz escrito lleva
por un aliento muy tierno:
Cuando ya el mundo no vea
que tu amante mano sea
la que me cierre los ojos
.
...................................