sábado, 8 de junio de 2013

Sobre un pais que camina hacia la cloaca de la historia.

   Escribo bajo el ventarròn de la ira. Y digo:

  Que este país nuestro ya no busca la verdad, ya no se pregunta por el bien, no le inquieta la ausencia de belleza; se ha instalado en pleno desorden, carente de equilibrio no se ocupa del conocimiento, planea sobre la vulgaridad, esquía a impulso de la mediocridad; la falta de sentido de la responsabilidad es su alimento...nada es, sólo está.

  Este país nuestro dormita mientras fluye hacia  un final que ya a nadie interesa porque a nadie importa su propio origen, ni el origen del mundo en que está enclavado, ni el principio de la vida en que transcurre su gris existencia sin siquiera disfrutarla.

  Para este desalado país el cielo es el Estado y así se asegura un infierno a la medida, sin luz, sin moral que sea la fuente de la ley, antes al contrario, creyendo que es la ley la fuente de la moral; así se ha descolgado de la decencia y está podrido; ya no sabe dónde está, no le interesa dónde está ni hacia donde se dirige. Es ya incapaz de volar por encima de la genética porque se ha desalmado, se halla exánime a los pies de quien habiéndole robado el alma le robó la libertad. En ese proceso de descomposición ha llegado a penalizar con la muerte la intención de nacer. En su irresponsabilidad apenas le va quedando otro camino que el suicidio.

  No me gusta este país amasado en el odio y cocido en el horno de la envidia y la desidia. Como sus ojos finitos no logran contemplar a su antojo la infinidad de Dios, siendo además soberbio, le niega y se recuesta en su negativa, inquieto pero orondo, y aunque no logra el descanso que siempre busca se siente descargado de un peso como quien ha llevado a cabo una venganza por odio, sin percatarse de que, así, camina directo hacia la nada...que quizás sea a la postre su gran suerte puesto que le conducirá más cerca de Dios (su remedio) de lo que ahora mismo está.

  Bueno...y en definitiva...¡a mí qué me importa!.

Iremos a mal paradero
si ocurre que mucha gente
tenga por muy inteligente
a quien sólo sea astuto,
por prudente a un majadero
o por decidido a un bruto.
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