Promesa electoral reiteradamente incumplida por cuantos gobiernos y desgobiernos hemos sufrido los españoles en los últimos 33 años (la edad en que Cristo fué crucificado y de una Constitución que semeja, o es, el lecho de Procusto). Promesa que evidencia, por el mero hecho de ser formulada, el reconocimiento de que la democracia en España o no existe o ha degenerado lo suficiente para que hasta los partidos colijan que ha de tenderse en la mesa del cirujano político.
Tengo escrito ya en este blogg lo suficiente sobre los requisitos que ha de reunir un sistema político para que pueda ser considerado democrático, por lo que no insistiré en ello y reflexionaré directamente sobre el estado del nuestro.
Al socaire de la lejanía que me procuran los más de treinta años transcurridos desde que el bodrio político-jurídico que llamamos Constitución Española fué puesto en el mundo para asombro de los asombrables, tras ardua deliberación de tres ignaros jurídicos abundosos en tretas y malas artes (Adolfo Suarez, Alfonso Guerra y Fernando Abril Martorell), que a su vez actuaron bajo la agresión, amenaza y presión de cuantos nacionalismos desleales y sinuosos fructifican con clara extemporaneidad en las cainitas tierras de la malquerida España, a empujones de un grupo mendaz y rupturista que, aunque escueto en militantes portaba en sus alforjas los fértiles marcos de la alemania de obediencia socialista (Willy Brand) por los que pronto cambió su ideología sin perder del todo su natural querencia hacia el monte, tras surgir de un indecente por imaginario antifranquismo, y todo ello vertido sobre una masa ignorante y amorfa que no quería problemas mayores , que braceaba en la más peligrosa inocencia y que recibió con vítores un producto averiado , lo dicho :la CE que consagró lo que interesaba a sus autores: una ruinosa partitocracia, donde toda corrupción tiene su asiento.
Y el tiempo viento fué que sopló sin desmayo en las velas de la putrefacta balsa de Medusa en que se ha convertido lo que queda de nuestro desgraciadísimo país, convertido en propiedad indiscutida ya de quienes no debieran ser sino depositarios, para su buena administración, de los bienes públicos que, por el contrario, manipulan descaradamente en provecho propio (corrupción) sin que nada ni nadie pueda poner coto a tan productivo vicio.
Entre tanto fué bajando el nivel intelectual general ante el éxito de la mentira y de la mediocridad con desprecio olímpico de la excelencia. España rebosó de progres, pasotas y frívolos; se fué empobreciendo el vocabulario que adoptó sin rubor inserciones del cheli y de la jerga carcelaria, plagándose de palabrotas que sacaron de la vida la elegancia como cosa de pijos. La mugre abandonó el muladar y tiñó la vida española.
El desprecio a lo limpio, culto, claro, neto y ¡no digamos elegante! imperó; las paredes se ensuciaron y el alma se nos enlodó; la juventud se hizo noctámbula y borracha, la adolescencia drogata y alcohólica. Sólo una pequeña élite (no del dinero sino del poso cultural heredado) se mantuvo limpia. Esa ha sido la verdadera historia de una transición pilotada por el más ignorante, vano, inepto y presuntuoso de los asaltadores de la res pública, y que no puede ser denostado sin que te rubalcabeen.
La droga, signo de degradación durante el franquismo , salvo para una pequeña minoría de plutócratas o del mundo de la farándula, se hizo de rigor en cualquier movida o simple reunión de jóvenes o adolescentes; las llamadas drogas duras pudrieron, a partir de 1978, todas las capas sociales y profesionales: sus víctimas lo fueron por millares, su presencia en el panorama social se hizo normal y acabó con el bienestar moral y económico de muchísimas familias, a las que cogió indefensas.
Paralelamente se abandonaron las vivencias religiosas y la preocupación por la moral, que pasaron a ser mal vistas socialmente; las mafias de las drogas se hicieron un buen hueco en el ambiente de permisividad promovido incluso por los políticos; la prostitución comenzó a anunciarse en la prensa de normal circulación, llegando a generar pingües ingresos que contribuyen a su mantenimiento;como claro contrasentido se da desmedida cancha al feminismo radical y la mujer fácil pasó a considerarse liberada mientras se denostaba a las amas de casa y el término maruja pasó a ser un insulto y su uso clara burla; la prensa y el cine pornográficos hicieron su agosto.
Junto a la miseria moral creció la material: se dispararon el paro, la pobreza, la mendicidad , la delincuencia y su impunidad. La salud social entró en franca degeneración: se perdió la estabilidad familiar con la introducción del divorcio y la despenalización del aborto (que ha desembocado en derecho).
Y...¡no quiero seguir porque me estoy deprimiendo!. Sólo dejar constancia de la necesidad de arbitrar un sistema para pedir cuentas, y consiguiientes responsabilidades, a los políticos al término de su mandato por la degeneración del país y sus súbditos (por peor nombre ciudadanos) durante su tiempo de ejercicio del gobierno. Amén.
El pensar lleva al creer
y así podremos estar
vivos en un mero espejo,
que urde con sus imágenes
una comedia que avanza
hasta que su meta alcanza,
y entre rígidos márgenes
creemos nuevo lo viejo
sin que quepa algún pensar,
restándonos el solo ver.
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Al socaire de la lejanía que me procuran los más de treinta años transcurridos desde que el bodrio político-jurídico que llamamos Constitución Española fué puesto en el mundo para asombro de los asombrables, tras ardua deliberación de tres ignaros jurídicos abundosos en tretas y malas artes (Adolfo Suarez, Alfonso Guerra y Fernando Abril Martorell), que a su vez actuaron bajo la agresión, amenaza y presión de cuantos nacionalismos desleales y sinuosos fructifican con clara extemporaneidad en las cainitas tierras de la malquerida España, a empujones de un grupo mendaz y rupturista que, aunque escueto en militantes portaba en sus alforjas los fértiles marcos de la alemania de obediencia socialista (Willy Brand) por los que pronto cambió su ideología sin perder del todo su natural querencia hacia el monte, tras surgir de un indecente por imaginario antifranquismo, y todo ello vertido sobre una masa ignorante y amorfa que no quería problemas mayores , que braceaba en la más peligrosa inocencia y que recibió con vítores un producto averiado , lo dicho :la CE que consagró lo que interesaba a sus autores: una ruinosa partitocracia, donde toda corrupción tiene su asiento.
Y el tiempo viento fué que sopló sin desmayo en las velas de la putrefacta balsa de Medusa en que se ha convertido lo que queda de nuestro desgraciadísimo país, convertido en propiedad indiscutida ya de quienes no debieran ser sino depositarios, para su buena administración, de los bienes públicos que, por el contrario, manipulan descaradamente en provecho propio (corrupción) sin que nada ni nadie pueda poner coto a tan productivo vicio.
Entre tanto fué bajando el nivel intelectual general ante el éxito de la mentira y de la mediocridad con desprecio olímpico de la excelencia. España rebosó de progres, pasotas y frívolos; se fué empobreciendo el vocabulario que adoptó sin rubor inserciones del cheli y de la jerga carcelaria, plagándose de palabrotas que sacaron de la vida la elegancia como cosa de pijos. La mugre abandonó el muladar y tiñó la vida española.
El desprecio a lo limpio, culto, claro, neto y ¡no digamos elegante! imperó; las paredes se ensuciaron y el alma se nos enlodó; la juventud se hizo noctámbula y borracha, la adolescencia drogata y alcohólica. Sólo una pequeña élite (no del dinero sino del poso cultural heredado) se mantuvo limpia. Esa ha sido la verdadera historia de una transición pilotada por el más ignorante, vano, inepto y presuntuoso de los asaltadores de la res pública, y que no puede ser denostado sin que te rubalcabeen.
La droga, signo de degradación durante el franquismo , salvo para una pequeña minoría de plutócratas o del mundo de la farándula, se hizo de rigor en cualquier movida o simple reunión de jóvenes o adolescentes; las llamadas drogas duras pudrieron, a partir de 1978, todas las capas sociales y profesionales: sus víctimas lo fueron por millares, su presencia en el panorama social se hizo normal y acabó con el bienestar moral y económico de muchísimas familias, a las que cogió indefensas.
Paralelamente se abandonaron las vivencias religiosas y la preocupación por la moral, que pasaron a ser mal vistas socialmente; las mafias de las drogas se hicieron un buen hueco en el ambiente de permisividad promovido incluso por los políticos; la prostitución comenzó a anunciarse en la prensa de normal circulación, llegando a generar pingües ingresos que contribuyen a su mantenimiento;como claro contrasentido se da desmedida cancha al feminismo radical y la mujer fácil pasó a considerarse liberada mientras se denostaba a las amas de casa y el término maruja pasó a ser un insulto y su uso clara burla; la prensa y el cine pornográficos hicieron su agosto.
Junto a la miseria moral creció la material: se dispararon el paro, la pobreza, la mendicidad , la delincuencia y su impunidad. La salud social entró en franca degeneración: se perdió la estabilidad familiar con la introducción del divorcio y la despenalización del aborto (que ha desembocado en derecho).
Y...¡no quiero seguir porque me estoy deprimiendo!. Sólo dejar constancia de la necesidad de arbitrar un sistema para pedir cuentas, y consiguiientes responsabilidades, a los políticos al término de su mandato por la degeneración del país y sus súbditos (por peor nombre ciudadanos) durante su tiempo de ejercicio del gobierno. Amén.
El pensar lleva al creer
y así podremos estar
vivos en un mero espejo,
que urde con sus imágenes
una comedia que avanza
hasta que su meta alcanza,
y entre rígidos márgenes
creemos nuevo lo viejo
sin que quepa algún pensar,
restándonos el solo ver.
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