Hace días que me planteo la posibilidad de cerrar definitivamente este blogg; ello por falta de ocurrencias o por sobredosis de absurdo. Porque...¿qué se me da a mí que un descerebrado se empecine en una tarea de dirección al máximo nivel, convencido, además, de que su verdad es la verdad absoluta?, y que, a mayor abundamiento, tenga poder para imponerla...aunque sea al último mono que es, justamente, quien le aupó a la altura en que está instalado ,cada día más en solitario que el monigote del pim-pam-pum.
Con el éxito (de exitum=salida) asegurado, paga con nuestro ya fantasmagórico por virtual dinero la exportación de su corte de hetairas a campos de ubérrimos frutos, siquiera sea en papel de espantapájaros, siendo como son la más alta representación de los pajarracos más carroñeramente insaciables del universo mundo de las tinieblas, eso sí , exteriores.
Bueno, ¿y a mí que me importa?. Yo estoy ya tan fuera de juego como el meritado, con la diferencia de que si a él nadie le escucha a mí ni se me oye. El sale (exit) y yo ni siquiera he llegado. Es más, yo estoy siempre desapareciendo y ¿qué va quedando de mí?. Ni la sombra. Más vale que me eclipse.
Ese sujeto con cara de tonto listo, cuyos ojos siempre están diciendo ¡a que esta vez te engaño!, tiene sin duda su propio sentido del humor (te saca un ojo por hacer una gracia), y no carece de su sentido del honor, si entendemos por honor ser y permanecer fiel a sí mismo. Claro que esa es la única fidelidad que practica, lo que es bastante poco honorable...pero ¿para qué andarse con distingos?. No hay que perder de vista que el personaje en cuestión es (lo reconoce) un político y los políticos viven de su propia venta, lo que se compadece mal con el concepto del honor que es un valor innegociable, nadie te lo da y nadie te lo puede quitar contra tí mismo. Ya se sabe:al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma es sólo de Dios. ¿Dios?:¡pero si Dios no existe oficialmente!. Veis, todo tiene su explicación.
Y yo ¿qué pinto en todo eso?: nada. Por lo que me planteo seriamente desaparecer. Yo sólo soy un hombre, o sea, un voto...nada de nada. Ni soy un manifestante, ni un cabreado, ni un concentrado, ni un huelguista, ni siquiera puedo permitirme ya ser un juerguista. Ni resolveré todos los problemas ni redimiré alguno de los pecados. ¡adiós, pues!.
H e visto una nube obesa
tiñendo el cielo de blanquigris,
y al gato sobre la tapia
que, vestido de negro,
seguía con los ojos su flotar...
hasta que de mirar tanto tan alto
se cayó de la pared.
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Bueno, ¿y a mí que me importa?. Yo estoy ya tan fuera de juego como el meritado, con la diferencia de que si a él nadie le escucha a mí ni se me oye. El sale (exit) y yo ni siquiera he llegado. Es más, yo estoy siempre desapareciendo y ¿qué va quedando de mí?. Ni la sombra. Más vale que me eclipse.
Ese sujeto con cara de tonto listo, cuyos ojos siempre están diciendo ¡a que esta vez te engaño!, tiene sin duda su propio sentido del humor (te saca un ojo por hacer una gracia), y no carece de su sentido del honor, si entendemos por honor ser y permanecer fiel a sí mismo. Claro que esa es la única fidelidad que practica, lo que es bastante poco honorable...pero ¿para qué andarse con distingos?. No hay que perder de vista que el personaje en cuestión es (lo reconoce) un político y los políticos viven de su propia venta, lo que se compadece mal con el concepto del honor que es un valor innegociable, nadie te lo da y nadie te lo puede quitar contra tí mismo. Ya se sabe:al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma es sólo de Dios. ¿Dios?:¡pero si Dios no existe oficialmente!. Veis, todo tiene su explicación.
Y yo ¿qué pinto en todo eso?: nada. Por lo que me planteo seriamente desaparecer. Yo sólo soy un hombre, o sea, un voto...nada de nada. Ni soy un manifestante, ni un cabreado, ni un concentrado, ni un huelguista, ni siquiera puedo permitirme ya ser un juerguista. Ni resolveré todos los problemas ni redimiré alguno de los pecados. ¡adiós, pues!.
H e visto una nube obesa
tiñendo el cielo de blanquigris,
y al gato sobre la tapia
que, vestido de negro,
seguía con los ojos su flotar...
hasta que de mirar tanto tan alto
se cayó de la pared.
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¿Cierras, dices? No lo creo y no lo crees. Porque la verdad, aunque abandonada y silenciada, brota siempre allí donde no se espera. ¡Qué más da lo del egoísmo idiota que nos gobierna! Su derrota está en cada minuto que pasa y que cada vez le costará más angustia tragar. Éstos llevan el infierno quebrándoles por detrás de su máscara sonriente. Así que importa decir y repetirse, y ¡cantar!, todas las mañanas que el sol sale para todos porque, realmente, quien nos gobierna es la Verdad.
ResponderEliminarÁlex