No debemos dejar que el derrumbe del sistema (clarísimo por otra parte) haga con nosotros algo más que ponernos a prueba y nos saque de la presencia del juez que mejor nos conoce, y cuyo veredicto no podemos obviar, el más implacable de los jueces con que nos podemos topar: nosotros mismos.
Ese juez inexorable nos va a preguntar qué hemos hecho con los valores en que fuimos educados tras constituir los mismos el fundamento de nuestra civilización. Y no nos servirá de disculpa el hecho de estar en un mundo en que cualquier valor se contempla con la reticencia de quienes no quieren ser sometidos a juicio moral alguno; en un mundo que se dice sin fronteras y está repleto de dogmas ideológicos que nos encanallan, definidos por programas en lugar de por conductas y en el que las palabras no tienen el significado para el que fueron inventadas sino el que marca el que manda en cada momento.
Todo lo hermoso que nuestra civilización fué construyendo va habitando el territorio del olvido. el pensamiento crítico es desterrado, confundido con la violencia por quienes, con violencia, arrojan al pensador por el barranco sin fondo del relativismo.
Parece que no sólo se ha acabado la fiesta del bienestar material sino la del sentido moral, y no pocos mueren sin haber empezado a vivir, y los que viven vegetan, son hombres sumisos, hombres sin alma, entregados a la fuerza del destino, en un mundo en que se amputa todo pensamiento crítico y hasta la simple sensibilidad ante la belleza y la búsqueda de un sentido a la vida. Siento que no tengo cabida en él.
No reconozco a hombre alguno con poder mayor, aunque sí (y los admiro) a hombres con inteligencia más brillante, con generosidad más conmovedora, con humildad más maravillante. Quiero simplemente poder decir no, y negarme a continuar en la compañía de quienes por creerse con el derecho a hacerlo me condenan a prescindir de mi fe, mi esperanza y mi caridad y a sustituirlas poir su concepto de libertad, igualdad y fraternidad. He descubierto lo que es justo contemplando la injusticia y ahora que la conozco me aferro a mi fe, mi esperanza y la dosis de caridad de que soy capaz.
.-Navidad 2.011-.
Del mundo en la oscuridad
luce de pronto una estrella:
es la luz de la verdad,
de las luces la más bella.
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Ese juez inexorable nos va a preguntar qué hemos hecho con los valores en que fuimos educados tras constituir los mismos el fundamento de nuestra civilización. Y no nos servirá de disculpa el hecho de estar en un mundo en que cualquier valor se contempla con la reticencia de quienes no quieren ser sometidos a juicio moral alguno; en un mundo que se dice sin fronteras y está repleto de dogmas ideológicos que nos encanallan, definidos por programas en lugar de por conductas y en el que las palabras no tienen el significado para el que fueron inventadas sino el que marca el que manda en cada momento.
Todo lo hermoso que nuestra civilización fué construyendo va habitando el territorio del olvido. el pensamiento crítico es desterrado, confundido con la violencia por quienes, con violencia, arrojan al pensador por el barranco sin fondo del relativismo.
Parece que no sólo se ha acabado la fiesta del bienestar material sino la del sentido moral, y no pocos mueren sin haber empezado a vivir, y los que viven vegetan, son hombres sumisos, hombres sin alma, entregados a la fuerza del destino, en un mundo en que se amputa todo pensamiento crítico y hasta la simple sensibilidad ante la belleza y la búsqueda de un sentido a la vida. Siento que no tengo cabida en él.
No reconozco a hombre alguno con poder mayor, aunque sí (y los admiro) a hombres con inteligencia más brillante, con generosidad más conmovedora, con humildad más maravillante. Quiero simplemente poder decir no, y negarme a continuar en la compañía de quienes por creerse con el derecho a hacerlo me condenan a prescindir de mi fe, mi esperanza y mi caridad y a sustituirlas poir su concepto de libertad, igualdad y fraternidad. He descubierto lo que es justo contemplando la injusticia y ahora que la conozco me aferro a mi fe, mi esperanza y la dosis de caridad de que soy capaz.
.-Navidad 2.011-.
Del mundo en la oscuridad
luce de pronto una estrella:
es la luz de la verdad,
de las luces la más bella.
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Esta mañana paseando por el mejicano, rodeada de la inmensidad de la naturaleza y escuchando el rugir lejano del mar cantábrico, lo veo claro, Dios existe y solo él nos da la dignidad de hombre. ¿Cómo no lo puede ver la gente de esta sociedad?, está claro y es así de sencillo. Él es nuestra brújula, la única que necesitamos, la VERDAD en esencia. Ana, un beso.
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