miércoles, 21 de diciembre de 2011

Misiva ficticia al director de EL MUNDO.

Sr Director:
No ignoro que a lo largo de la historia han existido mecenas que, por ahorrar impuestos u otras razones igualmente encomiables, financiaron las artes o a los artistas, enriqueciendo de paso el patrimonio cultural de la humanidad con obras maestras del ingenio cuyo alcance las más de las veces ellos no fueron capaces de comprender.
Y tal parece que ahora, aquí, en Santander, asome uno a la sombra de un gran Banco, en plena crisis económica y de valores, que quiere patrocinar la construcción de unos contenedores palafíticos para diz que vitalizar la bahía al tiempo que da un considerable nuevo muerdo a su ya empequeñecida realidad física.
Promete el promotor que ello será motor económico para la ciudad al multiplicar visitantes y curiosos, corriendo él con los costes de construcción y embellecimiento iniciales y los de mantenimiento ulteriores, a cuyo efecto anualmente desgranará sobre la obra siete millones de euros, sin fallo posible porque cierre el ojo o la bolsa.
¿En qué quedamos?. ¿Los contenedores de arte a construir dinamizan o han de ser continuamente dinamizados ?. Mejor no pensar en cosas poco positivas y dejarse mecer por la promesa muelle. Suena bien. Que así sea. Reciba un cordial y respetuoso saludo.

Hasta aquí la misiva imposible. Pasemos a los versos.

Sin destino a alguna parte
mi mirada está vidriosa;
voy cayendo en la tontuna
y los ojos pongo en blanco...
en sabiendo que un gran Banco
pone en solfa una fortuna
por pura acción generosa
y por mero amor al arte.
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