Cuando nací ya era viejo. Lo hice en plena guerra civil y, por eso, nací sabiendo.A medida que fuí creciendo avancé en ingenuidad hasta llegar a hoy, en que, sin perjuicio de proseguir mi camino hacia el perfecto pasotismo, ya casi ni me extrañan ni me provocan reacción alguna noticias como la de que nueve etarras con 38 asesinatos sobre sus conciencias (no, conciencias no porque no las tienen, digamos sobre sus espaldas) estén siendo excarcelados por acuerdo (consenso, dicen) entre Rubalcaba (el Fouché del Psoe y ministro de no se sabe qué interior) y Trillo el correctísimo triturador de derechos del PP.
Regresan los etarras a los pueblos donde ejercieron de asesinos sin que alguien haya visto regresar a los por ellos asesinados.
Dicen que lo hacen tras arrepentirse del daño que causaron y no repararon: y, además, eso no lo dicen ellos sino otros; quienes los excarcelan, como disculpa por el mal que saben estar causando; esos otros lo dicen mientras miran la rajita de las urnas, o sea, la rajita de sus propias huchas o alcancías, por donde les entran votos y dineros.
¿Y qué dicen los parientes de los muertos no resucitados?: si algo dicen (que lo dirán, sin duda) nadie les oye porque los excarceladores ya se cuidan de que el viento se lleve las cuitas, para que sus frutos no se marchiten con la sangre seca.
¿Y qué digo yo de todo ello?: pues nada, sigo mi camino hacia la ingenuidad total , la que se cría en la ignorancia; y me dejo guiar por la aguijada de la demagogia porque cuesta más pensar que reir la maldita gracia. ¿Que no hay derecho?: claro, ni derecho ni principios jurídicos, morales o siquiera políticos. ¿Y qué?. Seamos auténticos progresistas. No pretendamos poner diques a la marea de mierda intelectual en que vivimos, que avanza imparable a caballo de la indigencia ética y estética al uso, no sea que lo que realmente logremos sea sólo embalsarla, de modo que se desparrame ulteriormente, tras romper el débil dique que podemos oponerla, y se desparrame anegándolo todo al ir mucho más allá de donde ahora llega.
He tenido una visión
de lo que hace la fe ciega:
colorear de ficción
la realidad donde llega.
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Regresan los etarras a los pueblos donde ejercieron de asesinos sin que alguien haya visto regresar a los por ellos asesinados.
Dicen que lo hacen tras arrepentirse del daño que causaron y no repararon: y, además, eso no lo dicen ellos sino otros; quienes los excarcelan, como disculpa por el mal que saben estar causando; esos otros lo dicen mientras miran la rajita de las urnas, o sea, la rajita de sus propias huchas o alcancías, por donde les entran votos y dineros.
¿Y qué dicen los parientes de los muertos no resucitados?: si algo dicen (que lo dirán, sin duda) nadie les oye porque los excarceladores ya se cuidan de que el viento se lleve las cuitas, para que sus frutos no se marchiten con la sangre seca.
¿Y qué digo yo de todo ello?: pues nada, sigo mi camino hacia la ingenuidad total , la que se cría en la ignorancia; y me dejo guiar por la aguijada de la demagogia porque cuesta más pensar que reir la maldita gracia. ¿Que no hay derecho?: claro, ni derecho ni principios jurídicos, morales o siquiera políticos. ¿Y qué?. Seamos auténticos progresistas. No pretendamos poner diques a la marea de mierda intelectual en que vivimos, que avanza imparable a caballo de la indigencia ética y estética al uso, no sea que lo que realmente logremos sea sólo embalsarla, de modo que se desparrame ulteriormente, tras romper el débil dique que podemos oponerla, y se desparrame anegándolo todo al ir mucho más allá de donde ahora llega.
He tenido una visión
de lo que hace la fe ciega:
colorear de ficción
la realidad donde llega.
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