El conocimiento científico o técnico es conceptual, abstracto y anónimo. El conocimiento moral, en cambio, sólo se transmite mediante ejemplos personales. Esto lo saben los padres, los educadores, los legisladores y hasta los tontos y los políticos; de ahí la sensación de perpetuo fracaso de estos últimos en su obsesivo intento de corromper moralmente a los adolescentes y a los jóvenes por la vía del conocimiento.
Incurren en gran responsabilidad quienes, sabiéndolo, dan o amparan el mal ejemplo público; dando ejemplo sin ejemplaridad al actuar sin que su conducta exhiba forma alguna de virtud general o, aún peor, vaya contra ésta.
Cuando falla el ejemplo, o es perverso por lo dicho, los miembros de la sociedad afectada por tal conducta pública terminan por desmoralizarse y dejan de luchar por conseguir que sean realidad, en su día a día, los principios que han venido informando su común acervo moral, base de la civilización a que han venido perteneciendo. Y surge el individuo pasota, que va multiplicándose en su sensación de soledad hasta devenir incivil o, con suerte, resignado.
Y el cuerpo social acaba penetrado de desentendimiento indiferente, de mortal relativismo que se disfraza de architolerancia , archiconvivencia y archisolidaridad: virtuales, sin realidad alguna. A poco que intentes escarbar te toparás con un tajante e impotente atomarporculo salido de las bocas más dispares en edad, lugar y condición social. Lo he escuchado en el Hotel Real, en el Barrio Pesquero, en la Machina y en Cuatro Caminos, todo de Santander que es una ciudad de gente educada y relativamente culta; he oido caerse la frasecita de bocas ancianas, de media edad, jóvenes y hasta de adolescentes creciditos.
El día en que la frase cuelgue de la boca de un infante podemos dar por perdido nuestro mundo...que está empezando a rodar carente por completo de público ejemplo moral. Porque el atomarporculo no es más que el síntoma del desarme moral de toda una sociedad que se cree avanzada y a lo peor lo es, pero en ciencia y técnica tan sólo.
El atomarporculo es la última nosolución.
El habitante de España
es un ente asaz garrulo
que no sabe de elecciones,
y entre mejores opciones
manda "atomarporculo"
al mandamás que le daña.
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Incurren en gran responsabilidad quienes, sabiéndolo, dan o amparan el mal ejemplo público; dando ejemplo sin ejemplaridad al actuar sin que su conducta exhiba forma alguna de virtud general o, aún peor, vaya contra ésta.
Cuando falla el ejemplo, o es perverso por lo dicho, los miembros de la sociedad afectada por tal conducta pública terminan por desmoralizarse y dejan de luchar por conseguir que sean realidad, en su día a día, los principios que han venido informando su común acervo moral, base de la civilización a que han venido perteneciendo. Y surge el individuo pasota, que va multiplicándose en su sensación de soledad hasta devenir incivil o, con suerte, resignado.
Y el cuerpo social acaba penetrado de desentendimiento indiferente, de mortal relativismo que se disfraza de architolerancia , archiconvivencia y archisolidaridad: virtuales, sin realidad alguna. A poco que intentes escarbar te toparás con un tajante e impotente atomarporculo salido de las bocas más dispares en edad, lugar y condición social. Lo he escuchado en el Hotel Real, en el Barrio Pesquero, en la Machina y en Cuatro Caminos, todo de Santander que es una ciudad de gente educada y relativamente culta; he oido caerse la frasecita de bocas ancianas, de media edad, jóvenes y hasta de adolescentes creciditos.
El día en que la frase cuelgue de la boca de un infante podemos dar por perdido nuestro mundo...que está empezando a rodar carente por completo de público ejemplo moral. Porque el atomarporculo no es más que el síntoma del desarme moral de toda una sociedad que se cree avanzada y a lo peor lo es, pero en ciencia y técnica tan sólo.
El atomarporculo es la última nosolución.
El habitante de España
es un ente asaz garrulo
que no sabe de elecciones,
y entre mejores opciones
manda "atomarporculo"
al mandamás que le daña.
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