sábado, 4 de diciembre de 2010

De género tonto.

Cuando se hablaba de géneros siempre pensé que eran tres los referidos al mundo animal, sea racional o irracional : masculino, femenino (o viceversa) y epiceno.
Ahora vengo a descubrir, aunque sin sorpresa alguna, que hay otro: el género tonto; y que éste es compatible con cualquiera de los otros tres y está llegando a ser abundoso (no confundir con abundioso), vegetando bastante bien en tierra progre, donde prolifera como un milagro vegetal y contagioso.
No es que yo sea un definidor de nada, pero ese género, recién descubierto para la ciencia aunque se tuviera constancia indirecta de él desde muy antiguo, casi desde que el neandertal se cruzó de manera nefanda con algun antecesor del Dr. Darwin, diría que se caracteriza por su no ser , su ni-ni : ni masculino ni femenino ni epiceno, simple y llanamente tonto, y está fundamentalmente constituído por ménades furiosas, sarasas empedernidos y otros perdis ignorantizados, partidizados y sindicatizados, y cuyo propósito (aunque ellos ni lo sepan) no es otro que la destrucción del concepto de familia, que es la osamenta y la base misma de la existencia de cualquier organismo social con vocación de futuro, no sólo en nuestra civilización sino en prácticamente toda la historia de la humanidad inteligente.
Quieren ellos hacer de nuestra trayectoria vital un vector loco que, al no saber de dónde viene acabará por ignorar a dónde va y vagará enloquecido para satisfacción (intelectualmente inexplicable) del género tonto.
Si se me pide un ejemplo del género tonto-tonto , por citar el penúltimo aludiré clara y directamente (buena gana de andarse con paños calientes) a la por ellos titulada Guía sobre comunicación socioambiental con perspectiva de género (esa que proscribe llamar parados a los parados e impone referirse a ellos como personas sin trabajo , al actor como el que actúa, al futbolista como quien juega al fútbol etc.), que es el último negociete no tan sandio como parece emprendido por la Junta de Andalucía con 18.000 euros de nada.
Así quedan mis escasísimos lectores, con esta primicia, enterados del nuevo trascendental descubrimiento de un género de seres construídos para destruir. Enterados y advertidos.

Este hace el número cien
de los del "blog" mis escritos:
no intento dar muchos gritos
aunque sí gritarlos bien.
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