lunes, 20 de diciembre de 2010

Recuerdos cándidos.

- Dale tres puntos a Picabea.
Para aquel hombre enjuto, largo como día sin pan, alto y seco como un varal, imposible de amoscar, que calzaba un cuarenta y cinco , que cuando desplegaba una mano con ella tapaba el sol, y que estaba en posesión de unos brazos tan increíblemente largos que bien podría administrar a cualquiera en el gimnasio un soplamocos cuando el cuerpo a que estaban unidos no había salido aún de la oficinilla; para aquel valedor , entrenador , mecenas y retirado practicante del pugilismo todos éramos Picabea aunque ninguno de nosotros supo, ni intentó averiguar, quien pudo ser el tal Picabea si es que tuvo alguna vez existencia real.
¡Ah!... y los puntos que sugería lo eran de sutura; naturalmente imaginarios y referidos a los que habría tenido que recibir el aludido caso de haber cometido en pelea reglamentaria el error advertido en su combate ful, de entrenamiento.
¡Qué recuerdos!. Son ese tipo de evocaciones que pertenecen al mundo de lo onírico, que acuden a la mente invocadas no se sabe por qué extravagantes circunstancias y que esta vez han regresado a la mía a la vista de un Rodriguez Zapatero sólo y como perdido en no sé qué salones de Europa, desoladora imagen que me llevó a identificar al perdis con Picabea y a preguntarme cuantos puntos habría que pronosticar, en un combate tan trágicamente real para nosotros ,a ese presidente de gobierno virtual, ya sonado, que, a riesgo de propinarse a sí mismo el golpe definitivo, manotea desnortado en un ring que cree suyo y cuyo centro ya no domina. Segúramente no le quedaría ya cara a pesar de la enormidad y dureza de la que tiene.

He visto cómo una flor
del tallo se desprendía,
y, perdido ya el color,
de su tallo se caía;
tras aquel corto vuelo,
podrida quedó en el suelo,
y ví que en tierra nacía
un capullo con temblor.
---------------------------

No hay comentarios:

Publicar un comentario