Mucho se habla de Europa. Poco, o nada, se hace por cultivar su legado. Se la deja al albur del camino que, para ella, van trazando quienes ansían su bienestar material pero desprecian o ignoran sus esencias. Se llenan muchas bocas con su pan o su nombre, casi ninguna con su enjundia cultural. ¿Podrá hablarse, con propiedad, de su nuevo rapto... aunque esta vez no por un toro sino por una cabra majareta?. El mundo lo pagará.
Europa en sí es religión.
En Europa ya pensaron
cuando en sueños la ensoñaron
Locke, Montaigne y Voltaire:
igual hizo Kant, y Erasmo;
vive la Europa en el aire
de ilustración y cultura
que, contagiando entusiasmo,
al mundo puso a la altura
a que anidara la razón.
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Europa en sí es religión.
En Europa ya pensaron
cuando en sueños la ensoñaron
Locke, Montaigne y Voltaire:
igual hizo Kant, y Erasmo;
vive la Europa en el aire
de ilustración y cultura
que, contagiando entusiasmo,
al mundo puso a la altura
a que anidara la razón.
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