domingo, 7 de marzo de 2010

3ª asomada

A la segunda que el conferenciante dijo "pueblo" (con sentido político, diferente al de población) me ausenté. Y es que la palabra "pueblo"no es para mí ni el nombre de un mineral. Es una cohartada de estafadores intelectuales, es una blasfemia. Es la peor agresión de que puede hacerse objeto a la libertad y a la dignidad del ser humano. Es un propósito de eliminación del concepto persona. Me niego a oirla.
No quiero que se me considere miembro de pueblo alguno. No quiero que se me llame ciudadano(objeto seguro de esquilmación inmisericorde). Soy un hombre y me basta. Soy un hombre con derecho a serlo y con el deber de ejercer tal condición en respeto a los demás seres que conforman el universo mundo. Ni los fabulosos "pueblos", ni los territorios, ni los animales...ostentan derechos. Sólo los hombres, Y a cada derecho corresponde un deber de ejercicio no abusivo, moralmente correcto.
Soy un hombre y así me manifiesto en cada uno de mis actos a lo largo de mi vida. No quiero ver reducido mi derecho a serlo ni la dignidad (recibida de lo más alto) que reviste tal condición. Menos aún la libertad que hace posible la vida en plenitud y que me hace ser responsable en convivencia con la libertad y dignidad de los demás.
Por todo ello no me gusta la España que cuatro ignorantes investidos de poder (que no de autoridad), en su ignorancia supina, están resucitando, tirando por la borda de la patera intelectual en que viajan el capital de valores que se venía atesorando, lo que me lleva a gritar:

Malhadada España, madre de truhanes,
Hecha de las hambres del siglo diecisiete,
Lastrada de magos y de matasietes,
Revives ya mismo y pares ganapanes.

Mangantes, sórdidos y loros perezosos
Cultivan tus campos de la sopa boba;
Empiojada te veo de tontos poderosos
Que a su padre, de haberlo, birlarían la alcoba.

España vieja, pícara, mesiánica y ramplona,
Entetada en Madrid, cagona en Barcelona.
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