Se lee hoy en la prensa que el llamado Tribunal Constitucional, o sea, la casa de tócame Roque, mancado ya de origen, ha parido, ¡por fin!, sentencia dejando decir al "Estatut de Catalunya"en su preámbulo (esto es, en la enumeración de las bases en que descansa la norma) que la tal "Catalunya" es una nación, aunque asegure después (porque lo contrario equivaldría a una modificación en lo sustancial de la propia Constitución Española y a tanto no se han atrevido) que España es la única nación "a efectos constitucionales".
¡Dios, y qué osadía declarar maravilla a proteger, aunque quitándole tres adarmes de sangre putrefacta, el incomestible bodrio histórico-jurídico-político!.
Y qué desvergüenza asegurar que España sea nación "a efectos constitucionales".
Yo, que tengo la dichosa constitución, como folleto hecho por y para perversos e insidiosos, colgando de un clavo en mi retrete por si algún achuchón, me pregunto si es que España no existió desde siglos antes (no quiero discutir cuántos) del malhadado parto constituyente, y si para este viaje bufo-demoledor de algo tan grande merecía la pena haber ayuntado gente tan cara, tan negra y con tantas puñetas.
Tras esta reflexión, y con un recuerdo amoroso y triste (siempre admirativo) para Isabel y Fernando, no se me ocurre otra cosa que plañir así:
La conspiradora tropa
del tribunal de rencillas
ha parido cual los montes:
dice que España es nación
de muy amplios horizontes,
pues nos integra en Europa
y pues, tendida en Castillas,
va de Galicia a Aragón
y de Navarra a Sevilla,
late en ambos archipiélagos...
siendo el resto nacioncilla
para cría de murciélagos.
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lunes, 29 de marzo de 2010
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