Alguno hay que a medida que camina va avanzando hacia la nada, pues, careciendo de alma, es sólamente cuerpo, de modo que cuando muera sin haber recuperado el espíritu que perdió en el camino de la vida, lo que queda se pudrirá allí donde caiga, y no quedarán de él más que unos huesos mondos, anónimos, sucios de tierra y para la escombrera; si es que no le queman tras morir sus parientes, partidarios, camaradas o sectarios y esparcen sus cenizas de modo que jamás se sepa donde yace, porque no yacería en parte alguna.
No olvides, mi Dios,
mi pequeñez extrema,
porque si Tú me olvidas
ni mi pequeñez me queda.
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domingo, 11 de julio de 2010
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(Soy Alex)
ResponderEliminarNo es texto para comentar, si acaso para llevárselo en el pensamiento e ir desmigándolo desmigándolo y hacerlo pasta de vida, pan último de la fe.