Hoy no me siento especialmente optimista. Tras echar un vistazo al periódico del día y advertir cómo mis compatriotas siguen ciegos ante la corrosiva estupidez egoista de quienes nos desgobiernan pero son la autoridad constituída, y comparo la situación de desesperanza generalizada con la esperanzada de hace tan sólo un par de lustros, me dan ganas de escaparme por la puerta de atrás. No lo haré porque todavía no me he vuelto un cobarde.
Veo ante mí, con infinita amargura por la impotencia que siento, unos hombres que, en tropel ,se refugian en un mundo virtual y ficticio tras volar su propia escala de valores para enterrarse en el hedonismo y el materialismo más destructor. Veo que la gente ha perdido el respeto por sí misma y se refugia en un egoismo alienador, dando lugar al triunfo de una masa gris, amorfa, marxistizada, sin capacidad de crítica ni atisbo de rebelión.
Debemos, y no lo haremos por castración, recuperar la voluntad, el espíritu de sacrificio y la capacidad de crítica y análisis para quitarnos de encima el pie de esa minoría oportunista y maniobrera que nos asfixia tras habernos confiscado nuestra condición de personas, y reconquistar (aunque sea por la fuerza) la libertad perdida, con la conciencia de que sólo el hombre libre exige libertad.
Entre hombres no cabes;
no pasas la criba;
con vil desparpajo
miras siempre abajo
pues mirar arriba
ni siquiera sabes.
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Veo ante mí, con infinita amargura por la impotencia que siento, unos hombres que, en tropel ,se refugian en un mundo virtual y ficticio tras volar su propia escala de valores para enterrarse en el hedonismo y el materialismo más destructor. Veo que la gente ha perdido el respeto por sí misma y se refugia en un egoismo alienador, dando lugar al triunfo de una masa gris, amorfa, marxistizada, sin capacidad de crítica ni atisbo de rebelión.
Debemos, y no lo haremos por castración, recuperar la voluntad, el espíritu de sacrificio y la capacidad de crítica y análisis para quitarnos de encima el pie de esa minoría oportunista y maniobrera que nos asfixia tras habernos confiscado nuestra condición de personas, y reconquistar (aunque sea por la fuerza) la libertad perdida, con la conciencia de que sólo el hombre libre exige libertad.
Entre hombres no cabes;
no pasas la criba;
con vil desparpajo
miras siempre abajo
pues mirar arriba
ni siquiera sabes.
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