Resulta que, por el afán de virtualidad (que no de virtud), andan las carreteras de la Ex-España pobladas de ateos, agnósticos, perdis acreditados, golfantes e indefinidos haciendo turismo y aparando al tiempo las manos por si llueve algún perdón de almas o alguna indulgencia decolorada.
Buscan ellos afanosamente el sello ese que nada les dice pero que es la acreditación ante la basca o la tertulia de la oficializada hazaña y consiguiente perdón de sus inadmitidos pecados, en consideración a su virtual penitencia consistente en haberse propinado un nunca excesivo paseo (incluso en buen automóvil) por los perdederos de Castilla o de la propia Galicia, gulusmeando (y algo más) el guloso perfume de una gastronomía más que suculenta y bien regada.
Eso sí: toda esa impropia tropa canta las excelencias del reencuentro consigo mismo, de la convivencia milagrosa a lo largo y ancho del Camino, de la acendrada tolerancia hallada en la ruta que lleva a un escrupuloso respeto de todas las ideas ... ¿incluso las de Hitler?.
Asímismo han bebido un absoluto respeto a todas las personas, porque todas las personas son esencialmente respetables...¿por ejemplo Nerón, Calígula, Rasputín , Stalin, Bokassa?.
No han averiguado (pero les da igual) quien ha de establecer el índice de respetabilidad para ideas y personas, ¿y los criterios?.
Ahí se produce el desconcierto y desmontaje de tanta gilipollez como han ido desgranando y consumiendo por el dichoso Camino. Y entramos, aunque fuere por la puerta falsa, en la consulta de la Biblia, la reflexión sobre los Evangelios etc. etc. que son de veras un práctico foco que ilumina nuestro entorno y un faro que nos encamina a buen puerto.
Dejemos que el Camino de Santiago se pueble de fantasmones, diablos, trasgos, fanfarrones y espectros varios y avancemos por nuestro particular camino hacia Aquel que dió sentido a la vida y muerte del Apóstol, do quiera que éste se halle.
Te veo cursar el Camino
y no logro verte en serio,
pues siendo tan relativo
que andas muerto cuando vivo,
resulta ya gran misterio
que te traces un destino.
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Buscan ellos afanosamente el sello ese que nada les dice pero que es la acreditación ante la basca o la tertulia de la oficializada hazaña y consiguiente perdón de sus inadmitidos pecados, en consideración a su virtual penitencia consistente en haberse propinado un nunca excesivo paseo (incluso en buen automóvil) por los perdederos de Castilla o de la propia Galicia, gulusmeando (y algo más) el guloso perfume de una gastronomía más que suculenta y bien regada.
Eso sí: toda esa impropia tropa canta las excelencias del reencuentro consigo mismo, de la convivencia milagrosa a lo largo y ancho del Camino, de la acendrada tolerancia hallada en la ruta que lleva a un escrupuloso respeto de todas las ideas ... ¿incluso las de Hitler?.
Asímismo han bebido un absoluto respeto a todas las personas, porque todas las personas son esencialmente respetables...¿por ejemplo Nerón, Calígula, Rasputín , Stalin, Bokassa?.
No han averiguado (pero les da igual) quien ha de establecer el índice de respetabilidad para ideas y personas, ¿y los criterios?.
Ahí se produce el desconcierto y desmontaje de tanta gilipollez como han ido desgranando y consumiendo por el dichoso Camino. Y entramos, aunque fuere por la puerta falsa, en la consulta de la Biblia, la reflexión sobre los Evangelios etc. etc. que son de veras un práctico foco que ilumina nuestro entorno y un faro que nos encamina a buen puerto.
Dejemos que el Camino de Santiago se pueble de fantasmones, diablos, trasgos, fanfarrones y espectros varios y avancemos por nuestro particular camino hacia Aquel que dió sentido a la vida y muerte del Apóstol, do quiera que éste se halle.
Te veo cursar el Camino
y no logro verte en serio,
pues siendo tan relativo
que andas muerto cuando vivo,
resulta ya gran misterio
que te traces un destino.
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