jueves, 12 de agosto de 2010

Macroincendio en Rusia

La historia de la humanidad no es sino un bocado goloso para maniqueos, demagogos, demiurgos, genocidas y otras joyas de las muchas que la han vivido; una especie de falsificado relato de la coexistencia (que no convivencia) de buenos con malos y viceversa, escrita (es moda decirlo así) siempre por los malos porque ellos son los que ganan indefectiblemente la guerra perpetua que mantienen ambas facciones aunque en distintos lugares y entre diferentes razas y culturas y por dispares pretextos, aunque siempre esté por medio el alcanzar el poder para conquistar la riqueza.
Y esa facción social que a la postre siempre gana son las derechas , y la que siempre sale perdiendo son las izquierdas. Las derechas son opulentas, las izquierdas desheredadas; las derechas escasas de partidarios, las izquierdas rebosantes de fans; pero el éxito de las derechas está garantizado porque usan su riqueza para lograr adeptos (se supone que procedentes de una izquierda venal); así los menos viven de explotar a los más y se perpetúa con ello la injusticia social. Esa es la puñetera historia de la humanidad (hombres y pueblos).
¿A qué viene esto?: pues no sé, viene y basta. Viene a que los mandatarios rusos se han visto sorprendidos este verano ,especialmente caluroso y seco, por gigantescos incendios que no logran atajar por su falta de previsión, su desidia y su rapacidad que les ha llevado a comerse lo que debieron aplicar a las tareas de provisión y dotación de medios antiincendios.
¿Y a quien señalan como responsable?: Muy lógico, a los plutócratas norteamericanos. Como el capitalista Abel fué el causante de la desgracia del mísero Cain así los americanos han cambiado el clima para que Rusia se incendie a golpe de vodka; afirmación con la que no hacen sino proclamar que, de poder, ellos serían capaces de hacerlo. Queda con ello al descubierto una de las criminales caras-resultado del cuasiextinto socialismo real.

De su vera condición
da clara cuenta el ladrón
cuando, gran desconfiado,
al otro cela el recado.
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