domingo, 13 de febrero de 2011

Aquilón.

- ¡Dios, qué ventarrón!.¡Cuidado, que vienen los bárbaros!
-¿Qué bárbaros?.
- Pues te diré. Los amantes de las apariencias, los afectos a maquillar y acomodar lo verdadero al servicio de sus intereses, los habituados a proferir a diario miriadas de mentiras con el único objetivo de durar en el poder o de evitarse dolores de cabeza. Los que cabalgan a lomo de las ideologías, los autócratas que generan corrupción que conduce a la pobreza, al fracaso social y a la ruina de las oportunidades; todo lo cual, en secuencia fatal, conduce de nuevo a la autocracia inicial, cerrando el círculo vicioso en que pretenden encerrarnos como en corral en el que mejor muñirnos.
- Pero...los bárbaros que describes no tienen que llegar; ya están aquí, sobre nuestros hombros; aplastando nuestra libertad con sus ideologías, neutralizando nuestra condición de hombres.
- ¡No se lamente, mátelas! , fué un eslogan exitoso de no sé qué matacucarachas de cuando yo era todavía un adolescente, y que me ha venido a la mente desde el recuerdo ignoro porqué.
Creo que nos cabe la obligación (ética, política y jurídica) de organizarnos, o reorganizarnos, para la libertad; lo cual es, sin duda, más difícil que organizarse contra la opresión, como se está demostrando estos días al sur del Mediterráneo. Pero ha de intentarse.
Hemos habitado un poco de tiempo (el suficiente para engolosinarnos) en una sociedad abierta, en la libertad religiosa, en la democracia pluralista, en el Estado de derecho, en el derecho internacional, en el reconocimiento y respeto a los derechos humanos... pero no hemos sabido defender, para conservarla, la casa que habitábamos y ahora la tenemos en ruina; item más, hemos dado en encerrarnos en ella en equivocado gesto defensivo puesto que la ocultación de la decadencia no la impide ni la elimina.
Es nuestra obligación personal, de todos y cada uno, la salvaguarda de la ética donde aún exista y su reimplantación donde haya desaparecido para, con ello, alcanzar el triunfo de la democracia y la libertad, caminando por la vía de la igualdad en dignidad y derechos, lo que nos traerá estabilidad y prosperidad.
Abramos, pues, las ventanas de par en par para alcanzar a ver lo que haya fuera e iluminar y orear los adentros. ¡A la basura los pesados cortinones que amparan el oscurantismo polvoriento!; desterremos el estancamiento cultural. Anatema sean la autocracia y los nacionalismos aldeanos que, además, bendicen la delación.
Para nuestra supervivencia como hombres necesitamos un huracán de libertad e ilustración que acabe con el fanatismo, el oscurantismo y el terror (teocrático o no) descarnado o solapado (sea de balas o de multas). Asumida que sea tal necesidad habrá dado comienzo la recuperación de nuestras añoradas moradas personal y social. Amén.

El cielo a medio hacer,
donde descanso en la luz,
es el reino blanco según María
y sus poemas de muerte,
escritos en idiomas comunes
y recogidos en general antología
tejida con el tiempo.
Es el nombre del viento
(perdona si lo llamo amor)
en la aurora boreal,
movido por la mano de Fátima
que, contra el propio viento,
come, reza y ama
entre la sangre derramada
por el poder de ahora mismo.
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1 comentario:

  1. ¡Hace mucho tiempo soñé que vivía en una sociedad con esperanza, que trabajaba para mejorar, que se esforzaba por hacer las cosas bien, que aspiraba a progresar por medio de la ilustración, que buscaba un ideal común de futuro...!, pero, de repente, hace cinco años DESPERTÉ y ME DESENCANTÉ, al comprobar que de un tiempo a esta parte nada de lo que pensaba se ha cumplido...¿Como puede haberse convertido en pura idiotez esta sociedad?,todo es al revés de lo que pensaba y la esperanza ha terminado...Yo no quiero vivir en esta sociedad. Un beso ana

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