lunes, 16 de mayo de 2011

El Rey.

Este fué el tema que tuve que abordar (y bordar) en mi exámen final de Historia del Derecho allá por el año 1.957. Algo ha llovido desde entonces y no voy a volcar aquí el carro de erudición que hube de verter, negro sobre blanco, a lo largo de seis horas de duración de una prueba que dejó mi mano vacía y estremecida.
Me ocupa ahora, y preocupa sobremanera, el futuro de una institución que cimenta nuestra organización política para bien o para mal, y a la que todos los indicadores parecen tachar de obsoleta y obsolescente. ... aunque tal vez no lo esté ni lo sea en tan alto grado como aparenta.
Aristóteles nos dejó dicho que la monarquía es el único sistema en el que se ejerce el poder por el bien de todos. Yo no diría tanto hoy pero sí que los políticos son más advenedizos, menos profesionales, y están peor preparados para la vida pública y no siempre alcanzan la altura adecuada a los retos que han de afrontar. Los monarcas están mejor preparados para reinar que los políticos para gobernar.
Por otra parte, hoy en España la máxima preocupación es el mantenimiento de la unidad que habíamos heredado de nuestros mayores y que el viento de los nacionalismos excluyentes está secando como el peor de los simunes del desierto intelectual. Pues bien, la política de los partidos es conflictiva por definición, y enfrenta y divide a los ciudadanos; la monarquía, en cambio, es pacífica y pacificadora y aspira a representar a todos los súbditos , a los que tiende a unir, evitando los excesos de la partitocracia y representando a todo el país sin excepciones.
Y luego está el problema de la avidez de los partidos políticos, que los arroja en los brazos de la corrupción que, a su vez, queda con ellos institucionalizada, salvo que se implanten fuertes controles, muy difíciles de imponer a quienes detentan el poder. La monarquía carece de tal avidez, se extiende en el tiempo sin amenaza de un final que aconseje el acaparamiento de recursos, no tiene prisa por enriquecerse y sirve, al no ser electiva , de moderador entre poderes. Pudiendo, con su ejemplo, ser freno a la avidez desmedida en su condición de máxima magistratura y representación del propio Estado.
En Europa, y más concretamente en España ¿qué porvenir tiene?. Depende de sí misma y de que cuide de no parecer demasiado pueblo , de mantenerse por encima del pueblo, sin negar ni alardear de su condición privilegiada. No deberá perderse el respeto a sí misma con aquella bobada progre de desmitificar ; huyendo de la sencillez como de la peste y abominando de la falsa modestia que mata su brillo, y empaña o elimina su principalísimo papel de espejo y guía; cuidándose muy mucho de unir y dar prestigio al pueblo que encabeza y encarna y velando porque el ciudadano no caiga inerme en las sevicias que surgen siempre de manos de insaciables advenedizos.

Flota en el aire un lamento
que ha nacido en el dolor,
un ¡ay! en que el vulgo suele
hurtarse que el amar duele:
que herida nacida de amor
es agravio y es contento.
.........
¿Vivir sin amor se puede?.
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1 comentario:

  1. El futuro de la monarquía en España es tan poco claro como la cabeza de quien deberá sostener la corona. Por sus devaneos con la progresía, materializada en su consorte elegida del pueblo a capricho y revista del corazón. Se ha definido incluso más sociata que conservador, como la mismísima Isabel II, con sus manos artrósicas de joyas (expresión que tomo de Umbral) y sus palacios forrados de piel de desarrapado. Si el padre de este sociata de sangre azul ha salvado el tipo, el hijo se ha creído que también se hereda la potra...

    Álex

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