Cuando en septiembre de 1966 yo, todo un granítico mesetario de cerebro dañado por la deficiencia de oxígeno que sufrí a la altitud en que nací en Peñaranda de Bracamonte, entraba en Barcelona, por su estación de Francia como era reglamentario, en la mano una maleta y al brazo un abrigo de espiga que nunca más me sirvió de algo, en el bolsillo de la chaqueta un nombramiento de funcionario y mil pesetucas para pasar dos larguísimos meses hasta entrar en nómina, ignoraba que fuera un invasor. Pero lo era.
Cuando un tal José Montilla, adolescente nacido en Iznájar (Córdoba), llega a Barcelona de la mano de su padre en busca de sitio y dispuesto a todo, ignoraba que estuviera predestinado a ser un cuerpo abducido para el bien de la Cataluña soñada por el nacionalismo local. Pero lo era.
Cuando el calcáreo Jordi Pujol reptaba por la sala de máquinas de la Cataluña narciso-racista arruinando cuanto tocaba, ni me conocía a mí (¡loado sea Dios!) ni conocía al charneguillo que, convenientemente abducido, había de sucederle en el timón del más hermoso país que vieron los siglos.
Cuando Pujol desgranaba su rosario de atrocidades racistas (aunque cuidadosamente veladas) que hacían de mi humilde persona un peligroso invasor irreductible, y de Montilla un ignaro inmigrante sin alma de puro falto de cultura ,cuyo cuerpo había que abducir para llenarlo con la luz nazionalista y que, así, cubriera el vacío que el impepinable déficit reproductor catalán iba dejando con el consiguiente peligro permanente de extinción de la patria y de la más dulce de las lenguas, poco podía imaginar que el maldito invasor iba a aportar no pocos hijos y nietos a la continuidad de la por él oprimida Cataluña decente y bilingüe, mientras que el abducido se iba a pegar al bote del chupeteo sin más méritos ni miramientos, llevando a sus hijas al mismo colegio germánico en que Pujol aprendiera nazismo para que en él estudiaran en español y alemán como lenguas más útiles que el bellísimo catalán de sus entretelas.
Y ahora, con no pocos invasores huídos del paraíso catalán , éste se llena a ojos vistas de peligrosos islamistas que beben en las subvencionadas mezquitas enseñanzas prohibidas en sus propios países islámicos; el siempre perspicaz racismo catalanista ha decido subvencionarlos para tenerlos tranquilos, convirtiendo su tierra en un portaviones que reparte terroristas a los países de un occidente al que nunca entendió, ni entiende ni entenderá. ¡Buen futuro!.
Y es que Cataluña es lo único que le quedaba por hundir al calcáreo Pujol .Cosas.
Sin saberlo fuí invasor,
rémora, lastre y cuña
de la simpar Cataluña,
esa dadivosa tierra
enemiga de la guerra
y paradigma del amor.
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¿Abducido Montilla? Yo estoy convencido de que sabe perfectamente lo que hace y (a veces, pocas) dice. Entre la Cataluña real (la de la gente y la de sus humildes votantes) y la Cataluña oficial (la de la pasta gansa), lo tiene muy claro. Lo mismo que toda esa pléyade de directores y presidentes de fundaciones y asociaciones que sólo representan a su codicia. La Cataluña oficial de las arcas públicas y la subvención 'abducen' a cualquiera. La última prueba: las asociaciones de inmigrantes (sus dirigentes, claro) han sido las primeras en ir a votar 'sí' a la consulta sobre la independencia de Cataluña. Coincido contigo en que serán éstos los que, cuando se acabe el parné, se sacudirán del hombro a los paganos (en su doble sentido) y gobernarán este territorio antiguamente llamado Cataluña. La historia se repite sin que se enteren los mediocres, peleles en manos del Destino.
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