jueves, 13 de mayo de 2010

Tela de juicio

Nada me descorazona tanto como oir, en boca de los mandamás, una exigencia absoluta de respeto a las instituciones y, de paso, a quienes encabezan o representan a semejantes inventos.
Y me pregunto a qué viene tanta consideración para con quien no suele respetar ni a la propia institución que invoca ni a las personas a las que la institución se supone que representa , defiende o sirve, ¿porqué tanto aspaviento?. La inmensa mayoría de las llamadas instituciones está de sobra; sencíllamente no desempeñan función noble alguna, son, han sido y serán el refugio, instrumento y coartada de cuantos tiranos, genocidas y archiladrones han surgido en el seno de una humanidad desnortada por falta de auténticos líderes.
Carecen de conciencia de servicio al hombre, única razón de su existencia, y han devenido en el instrumento más eficaz e indiscutido (lo quieren además indiscutible) para aherrojar al individuo.
No preconizo la desaparición radical y repentina de todas las llamadas instituciones sino que se desacralicen, y se neutralicen su arbitrio y su omnímodo poder, dejando claro para las pocas que perduren en consideración a su practicidad, su clara posición de supeditación a la dignidad y derechos que deben asistir al hombre aún antes de nacer.
-.La caída bufa-.
Desde este país facundo,
claro imperio del relajo,
van a sacarte del mundo
porque no estás ya en el ajo;
y te has de ir cabizbundo
a más de meditabajo.
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