Leyendo la separata que el diario Alerta, de Santander, publicó el domingo en páginas color salmón, inaugurando una serie que recorrerá la galería de personajes del XIX que hicieron de Santander una ciudad dinámica, próspera y con proyección de futuro, cuyo impulso llegó hasta comienzos del XXI, y no más lejos por causa de la egoista y patatera desidia de unas auténticas mediocridades que, sobre resultar risibles, mienten más que la gaceta y, encima, padecen desmemoria. Pero han asaltado el poder y su fruto no es que sea vano es que está podrido.
El prócer que abre la galería no es otro que D. Antonio Fernández Baladrón , quien, además de cuidar de sus particulares negocios hasta lograr una envidiable prosperidad, se ocupó de repartir y compartir con sus paisanos de adopción conquistas que sentaron los cimientos de la modernidad y el bienestar en que Santander se habría de instalar por largos años.
Capítulos atrás expresé el temor que, por la situación económica de Santander, me asaltó al contemplar la parálisis en que se halla sumido el ferrocarril que sirvió a la hoy capital de Cantabria y la casi ausencia de movimiento de su puerto, otrora puntero en España y en Europa que, teniendo como tiene una importancia capital yace desfasado y yerto.
No me sirve que se me hable de que todo el país está metido hasta el cuello y más arriba en una crisis económica asfixiante, con un consumo bajo mínimos, una inflación en alza, empeñado hasta las cejas, con su sistema financiero zozobrando o ya en plena zozobra (Cajas), con un déficit galopante a lomos de la corrupción, los parásitos, la elefantiásica administración y unas autonomías insaciables , con un paro disparatado y el tejido empresarial deshecho, y bajo un Gobierno improvisador que piensa sólo en salvar el culo, desnortado. No me basta.
Cantabria va por su cuenta a la deriva; perdió sus cartógrafos y navegantes y cayó en manos de magos y nigromantes, en el caos, la confusión y la incoherencia; causa vergüenza la absoluta falta de preparación y responsabilidad de quienes tienen el timón de la maltratada nave.
No soy economista , ni falta que me hace cuando el puro sentido común y la capacidad de observación me llevan a darme cuenta de que el mundo económico se halla en pleno cambio (desde hace tiempo), y cambia porque está vivo, puesto que sólo donde hay vida hay renovación.
Entre los cambios que se perciben se hallan los que atañen a las rutas de la actividad económica y, consiguientemente, del dinero. Me explico: Como consecuencia del auge de los países del Pacífico y del Indico (China, Corea del Sur, Taiwan, Indonesia, Malasia, Singapur, incluso Japón y Australia) que necesitan un vínculo físico con el gran centro de actividad que es Europa cobra gran importancia la ruta Indico-Mar Rojo-Suez-Mediterráneo, contorneando España.
Ello lleva consigo una creciente importancia de nuestros puertos, que han entrado en gran dinámica y con ello han experimentado un gran incremento las inversiones exteriores, promoviendo las actividades industriales y comerciales. Ello en Vigo, Gijón y Bilbao, por ejemplo, en Santander ni se nota porque no se sale a buscar, se espera que te lo traigan a casa, y si es posible por el camino del Banco, que no es de Santander sino del Sr Botin y Cía.
Aunque se hable de obras de importancia en Maliaño, que la rojiecología malogrará salvo unte.
Faltan cabezas y sobran manos. Habría que cortar manos e importar cabezas (aunque fuesen de Zamora).
-.Sin nada que ver-.
Dios es sólamente Dios.
El es nuestra fortuna,
El es creación y fuerza,
Señorea nuestra suerte,
Es poder y es justicia;
Pena nuestra malicia
Pero es nuestra esperanza,
Es cielo que nos alcanza
Más allá de la muerte,
Por eso uno se esfuerza
En vaciar de tontuna
El vano del intradós.
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El prócer que abre la galería no es otro que D. Antonio Fernández Baladrón , quien, además de cuidar de sus particulares negocios hasta lograr una envidiable prosperidad, se ocupó de repartir y compartir con sus paisanos de adopción conquistas que sentaron los cimientos de la modernidad y el bienestar en que Santander se habría de instalar por largos años.
Capítulos atrás expresé el temor que, por la situación económica de Santander, me asaltó al contemplar la parálisis en que se halla sumido el ferrocarril que sirvió a la hoy capital de Cantabria y la casi ausencia de movimiento de su puerto, otrora puntero en España y en Europa que, teniendo como tiene una importancia capital yace desfasado y yerto.
No me sirve que se me hable de que todo el país está metido hasta el cuello y más arriba en una crisis económica asfixiante, con un consumo bajo mínimos, una inflación en alza, empeñado hasta las cejas, con su sistema financiero zozobrando o ya en plena zozobra (Cajas), con un déficit galopante a lomos de la corrupción, los parásitos, la elefantiásica administración y unas autonomías insaciables , con un paro disparatado y el tejido empresarial deshecho, y bajo un Gobierno improvisador que piensa sólo en salvar el culo, desnortado. No me basta.
Cantabria va por su cuenta a la deriva; perdió sus cartógrafos y navegantes y cayó en manos de magos y nigromantes, en el caos, la confusión y la incoherencia; causa vergüenza la absoluta falta de preparación y responsabilidad de quienes tienen el timón de la maltratada nave.
No soy economista , ni falta que me hace cuando el puro sentido común y la capacidad de observación me llevan a darme cuenta de que el mundo económico se halla en pleno cambio (desde hace tiempo), y cambia porque está vivo, puesto que sólo donde hay vida hay renovación.
Entre los cambios que se perciben se hallan los que atañen a las rutas de la actividad económica y, consiguientemente, del dinero. Me explico: Como consecuencia del auge de los países del Pacífico y del Indico (China, Corea del Sur, Taiwan, Indonesia, Malasia, Singapur, incluso Japón y Australia) que necesitan un vínculo físico con el gran centro de actividad que es Europa cobra gran importancia la ruta Indico-Mar Rojo-Suez-Mediterráneo, contorneando España.
Ello lleva consigo una creciente importancia de nuestros puertos, que han entrado en gran dinámica y con ello han experimentado un gran incremento las inversiones exteriores, promoviendo las actividades industriales y comerciales. Ello en Vigo, Gijón y Bilbao, por ejemplo, en Santander ni se nota porque no se sale a buscar, se espera que te lo traigan a casa, y si es posible por el camino del Banco, que no es de Santander sino del Sr Botin y Cía.
Aunque se hable de obras de importancia en Maliaño, que la rojiecología malogrará salvo unte.
Faltan cabezas y sobran manos. Habría que cortar manos e importar cabezas (aunque fuesen de Zamora).
-.Sin nada que ver-.
Dios es sólamente Dios.
El es nuestra fortuna,
El es creación y fuerza,
Señorea nuestra suerte,
Es poder y es justicia;
Pena nuestra malicia
Pero es nuestra esperanza,
Es cielo que nos alcanza
Más allá de la muerte,
Por eso uno se esfuerza
En vaciar de tontuna
El vano del intradós.
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