Cuando eres aún un adolescente pero ya te acercas a la puerta de acceso a la juventud es casi seguro que te formulas una pregunta absolutamente clave, pero cuya importancia no eres todavía capaz de captar: ¿qué hago yo en este puñetero mundo que no me gusta y no escogí?.
Un poco más tarde ya eres capaz de pasar de lo particular a lo general y te preguntas qué es lo que el hombre hace aquí, ¿es un caro capricho de alguien?. El Papa ha dicho que no estamos aquí por casualidad. Es una respuesta, aunque en negativo, incompleta pero respuesta.
Tomó, pues, el Señor Dios al hombre y púsole en el paraíso de las delicias, para que lo cultivase y guardase. Y le puso una sóla condición para conservar su status : que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal. Y comió. Y fué expulsado del paraíso. Y sigue comiendo. Y durante tropecientos miles de años se olvidó de que está donde está para cultivar y guardar la Tierra, que le ha sido confiada, como urna en que fué depositada la vida.
Y el hombre era uno, y con el tiempo lo olvidó. Y habló de diversidad, y condenó las diferencias, levantó la mano contra su hermano para imponerle su criterio, para robarle lo que poseía y él envidiaba, o para quebrantarle a él. Y hasta puso al propio Dios como pretexto para acabar con su semejante.
No está aquí la vida por casualidad, ni está aquí el hombre por puro azar pues no fué el azar quien lo creó. Eso lo corrobora la inteligencia que sustenta toda la creación y de la que participa el propio hombre. Estamos aquí por y para algo. Pero...¿qué?. Quizá la respuesta a estas preguntas tenga algo que ver con el árbol de la ciencia del bien y del mal. O tal vez el fruto maldito del árbol réprobo sea precísamente el tabú que pesa sobre dichas preguntas.
Porque el recurso a Dios no está de moda en estos tiempos de laicistas, practicantes de una religión sin Dios, súmamente intolerante y proselitista, sin grandeza alguna y cuya finalidad no es otra que la de destruir todas las demás, celando por que nadie aluda al Ser Supremo, haciendo uso de la violencia para lograrlo (en varias de nuestras universidades se ha visto) y eliminando todo ejercicio de la libertad de expresión y de culto.
La religión no es sino el vínculo personal que une al hombre con la trascendencia, que facilita el cumplimiento de la misión que tiene encomendada como guardián del milagro que es la vida que obra depositada exclusivamene en La Tierra , la cual ya fué misteriosamente extinguida en otra ocasión para que renaciera distinta aunque en esencia la misma. Y tendrá que responder del buen uso de las facultades de que ha sido dotado en orden al cumplimiento de la importantísima misión que le ha sido encomendada. Quien quiera no ver que no mire.
Y Dios primó a los humanos
donándoles un Edén
que se les fué de las manos
en alas de su soberbia. Amén.
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Y el hombre era uno, y con el tiempo lo olvidó. Y habló de diversidad, y condenó las diferencias, levantó la mano contra su hermano para imponerle su criterio, para robarle lo que poseía y él envidiaba, o para quebrantarle a él. Y hasta puso al propio Dios como pretexto para acabar con su semejante.
No está aquí la vida por casualidad, ni está aquí el hombre por puro azar pues no fué el azar quien lo creó. Eso lo corrobora la inteligencia que sustenta toda la creación y de la que participa el propio hombre. Estamos aquí por y para algo. Pero...¿qué?. Quizá la respuesta a estas preguntas tenga algo que ver con el árbol de la ciencia del bien y del mal. O tal vez el fruto maldito del árbol réprobo sea precísamente el tabú que pesa sobre dichas preguntas.
Porque el recurso a Dios no está de moda en estos tiempos de laicistas, practicantes de una religión sin Dios, súmamente intolerante y proselitista, sin grandeza alguna y cuya finalidad no es otra que la de destruir todas las demás, celando por que nadie aluda al Ser Supremo, haciendo uso de la violencia para lograrlo (en varias de nuestras universidades se ha visto) y eliminando todo ejercicio de la libertad de expresión y de culto.
La religión no es sino el vínculo personal que une al hombre con la trascendencia, que facilita el cumplimiento de la misión que tiene encomendada como guardián del milagro que es la vida que obra depositada exclusivamene en La Tierra , la cual ya fué misteriosamente extinguida en otra ocasión para que renaciera distinta aunque en esencia la misma. Y tendrá que responder del buen uso de las facultades de que ha sido dotado en orden al cumplimiento de la importantísima misión que le ha sido encomendada. Quien quiera no ver que no mire.
Y Dios primó a los humanos
donándoles un Edén
que se les fué de las manos
en alas de su soberbia. Amén.
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