miércoles, 6 de octubre de 2010

Consuelo de padre.

Ayer por la vía del teléfono inundaste de llanto mi oído. Yo sé lo fuerte que eres pero te sentiste desvalida; la impotencia había embargado tu alma. Tenía que ayudarte a levantarte, a enfrentar de nuevo la vida; pero ¿cómo hacerlo?.
Debía ayudarte a recuperar el cálido sentimiento del amor, el espíritu de lucha. Mencionar el concepto del mérito !tan ignorado!, del trabajo !tan preterido!, del esfuerzo !tan combatido!, de la dignidad !tan despreciado!, de la responsabilidad individual !tan preterido!.
Tenía yo que ayudarte a aculebrar de nuevo las ,de momento , encapilladas velas de tu nave vital que el viento de la incomprensión había tendido sobre las vergas, para que pudieras recuperar la derrota y atravesar el mar de lágrimas en que te disolvías, y no sé si atiné en mi empeño, porque a medida que desgranaba palabras de consuelo percibía que no eran palabras de tu tiempo, como las tuyas nunca serán del tiempo de tus hijos.
Además que...¿ Con qué autoridad podría yo hablarte de sacrificio a tí, a quien he visto cómo la muerte te arrebataba insidiosamente la única hija (pequeña y bullidora) que en aquel momento gozabas ,y cómo recuperabas la verticalidad moral y afrontabas , herida pero entera, tan atroz crueldad?.
Y ello desarmada y confiada como estabas, en plena vacación en los amables verdores del Cabo de Ajo, en esta Cantabria que más que infinita (como estilan los cursis) resulta indefinible.
Pero no sé cómo noté que tus ojos se iban enjugando y, una vez más, jugué a ser padre.

En siendo padre, y un niño
que a besarte apenas llega,
a tu altura pongo el verbo
que puro late conmigo;
por ser la sola palabra
quien felicidad nos labra,
siendo ventura y castigo,
ella te acerca el acervo
que mi humanidad te entrega
con el sabor del cariño.
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1 comentario:

  1. Siempre me sirve hablar con vosotros, porque en este mundo sin rumbo quedan pocos que lo mantienen. Cuesta mucho luchar cada día porque parece que no estamos de moda, pero todavía estoy algo cuerda y paro y reflexiono y pienso que no puedo negar como soy , ¡moriré, pero luchando!. Un beso, ana

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