No trato de escribir un tratado jurídico. Cincuenta (y más) años tratando con el derecho me han vacunado contra su vicio. Sólo daré unas pinceladas de realidad sobre el falso barniz que se da el sistema para seguir con el indiscutido momio en la mano sin que alguien lo ponga en solfa y así asegurarse sus inagotables réditos.
Leía días atrás en los papeles que la llamada violencia doméstica se ha cobrado no pocas vidas de mujeres y causado casi un millón de víctimas infantiles; lo que no es obstáculo para que los juristas partidarios ,o sea adscritos a los partidos políticos o amarrados por dinero a sus doctrinas , sigan buscando (o eso dicen) una LEY que acabe con la lacra; una ley, como todas las que son capaces de alumbrar, vacía de anclaje y contenido moral aunque bien rellena de prejuicios relativistas y feministas; progres incurables no se dan cuenta de que esa batalla se ha de dar no sólo con leyes sino, sobre todo, restableciendo la escala de valores que ellos destruyeron mediante la impartición de una educación sin sal ni chicha ni limoná , que fabrica en serie hombres perfectamente manipulables como los explosivos plásticos, e igual de inestables y potencialmente peligrosos, que quedan a merced de la chispa del instinto o el capricho.
Me han pisado una webb (o como se escriba eso) que alguien más madrugador que yo ha abierto bajo el nombre de www.amiquecoñosmeimporta.com. , pero nadie me merma el placer de no esperar ya nada, y no importarme qué demonios venga luego; empieza a encantarme ver la destrucción de todas las reglas del orden, todas las del sentido; empieza a gustarme la contemplación del fuego por el fuego; la destrucción por la destrucción es bella en sí misma como las fallas de Valencia, porque, casi siempre, lo que se destruye ya no valía para gran cosa; es una inmensa y espeluznante hoguera de San Juan mundoccidental. Y no hay herederos. Nadie quiere adir la herencia del fuego, sus tizones, su humo maloliente.
No vale maldita la cosa vivir como vivimos; que desaparezca para siempre el pesante y deprimente gris en el gran fogonazo que llevará todo este desperdicio a la merecida nada que ni siquiera entienden los tenidos por sabios.
Aunque mucho me temo que lo arriba descrito, o profetizado, no se haga realidad, que se quede también en virtual y desemboque en otra grisura mayor, la del hartazgo.
Cuando yo estaba en el curro
y era previejo, o maduro,
nunca blanda, siempre dura
la situación que me apura
por entendedera oscura
se coló y pensé a lo duro;
esto, que será basura
se irá a lomo de burro.
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Me han pisado una webb (o como se escriba eso) que alguien más madrugador que yo ha abierto bajo el nombre de www.amiquecoñosmeimporta.com. , pero nadie me merma el placer de no esperar ya nada, y no importarme qué demonios venga luego; empieza a encantarme ver la destrucción de todas las reglas del orden, todas las del sentido; empieza a gustarme la contemplación del fuego por el fuego; la destrucción por la destrucción es bella en sí misma como las fallas de Valencia, porque, casi siempre, lo que se destruye ya no valía para gran cosa; es una inmensa y espeluznante hoguera de San Juan mundoccidental. Y no hay herederos. Nadie quiere adir la herencia del fuego, sus tizones, su humo maloliente.
No vale maldita la cosa vivir como vivimos; que desaparezca para siempre el pesante y deprimente gris en el gran fogonazo que llevará todo este desperdicio a la merecida nada que ni siquiera entienden los tenidos por sabios.
Aunque mucho me temo que lo arriba descrito, o profetizado, no se haga realidad, que se quede también en virtual y desemboque en otra grisura mayor, la del hartazgo.
Cuando yo estaba en el curro
y era previejo, o maduro,
nunca blanda, siempre dura
la situación que me apura
por entendedera oscura
se coló y pensé a lo duro;
esto, que será basura
se irá a lomo de burro.
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