domingo, 31 de octubre de 2010

De pantallas y escaleras.

-¡Al fútbol!. ¡Vámonos al fútbol!.
Así nos ahorraríamos el espectáculo macabro de una sociedad que se suicida: Pero que ni siquiera tiene el valor de hacerse ella misma el haraquiri, sino que, como Nerón, cede la espada y el honor de darse el pasaporte al esclavo que, avispado, sacó el arma de la vaina en que , inútil, dormitaba..
Quiero fijarme hoy en varias realidades que me invitan a pensar;la primera de ellas puede ser el empeño progre de arrumbar a las mujeres en una suerte de corralito que permita su sobreprotección a base de discriminarlas positivamente ,lo que no deja de ser el ingreso de las mismas en una jaula donde se garantice su inútil intangibilidad, sin consentirse ni una sonrisa ¡no vaya a ser que...!.
Alguien (cuyo nombre no recuerdo ahora) aseguró que la república puede ser destruída tanto por falta de igualdad como por igualdad extrema. Encerrar a las mujeres en guetos aunque sea a o por efectos de discriminación positiva es arruinar su larga lucha por la igualdad. Mujeres y hombres han de ser iguales ante la ley por ser seres humanos ambos, sin tener en cuenta el sexo; hemos de hablar de igualdad entre desiguales: la que consagra la ley que permite respetar a los diferentes. Jerarquizar y discriminar positivamente a las mujeres constituye una regresión intelectual, política y jurídica.
Huérfanos, como estamos, de liderazgo político, social y cultural damos para poco. La inmisericorde, despiadada y solapada dictadura de lo políticamente correcto que, haciendo alarde somo si las hubieran inventado ellos (los progres) de las grandes libertades (más o menos olvidables) nos privan de las pequeñas libertades de cada día, las que nos hacen sentir verdaderamente libres y felices, porque nos hacen agradable la vida al permitirnos que la vivamos y pensemos en cómo deseamos pasarla. Y nos piden que renunciemos (por nuestro propio bien, claro) a tantas cosas que no parece sino que les haya hecho la boca un fraile.
-¡Al fútbol!. ¡Vámonos al fútbol!.
Si la ociosidad es la madre de todos los vicios...somos responsables de consentir que se envicie a una gran parte de nuestra población mediante el eficaz sistema de arrojarla a los brazos ociosos del paro irremediable. ¡A comer la sopa boba de la misericordiosa y eclesial mano de Cáritas!.
-¡Al fútbol!. ¡Vámonos al fútbol!.

Arrodillado ante Dios
humillado le pregunto :
"¿Porqué me pusiste junto
a estos fueradeseries dos?".

"Porque soberbia no alientes
y os estiméis como hermanos".
" ¡Pues has salido lucido!:
que yo me he vuelto un creído
y ellos sólo creen en dientes
y largos dedos en manos!".
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