Esta fábula, que llamaba al trabajo y al ahorro, ha quedado a todas luces desfasada (obsoleta, como hoy gusta decir). Sus personajes se movían en un ambiente pre-sociata ya desaparecido, por lo que se han de reciclar o complementar hasta situarlos en el día de hoy, para que resulten arquetípicos y ejemplarizantes. En definitiva, hay que actualizar el relato. Lo intentaré introduciendo un cuarto movimiento en la sinfonía.
La cigarra y la hormiga.
Cantando la cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Vióse desproveída
del precioso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo, sin centeno.
Habitaba la hormiga
allí tabique enmedio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
la dijo: "Doña hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste cigarra,
que alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme;
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo".
La codiciosa hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?".
"Yo, dijo la cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar un momento."
"¡Hola! ¿con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo."
Trompicando terrones,
pisoteándolo todo,
oliscando las hojas,
husmeando lacias flores,
llega el hormiguero oso;
el tacurú despanzurra;
bamboleando el morro
se come las hormigas,
y con sus garras duras
la despensa derrama,
llenándose la tripa
la inconsciente cigarra.
Que siempre brutos truecan
ahorros en miseria,
la virtud en pereza,
y en caos la inteligencia.
----------------------La cigarra y la hormiga.
Cantando la cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Vióse desproveída
del precioso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo, sin centeno.
Habitaba la hormiga
allí tabique enmedio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
la dijo: "Doña hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste cigarra,
que alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme;
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo".
La codiciosa hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
"¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?".
"Yo, dijo la cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar un momento."
"¡Hola! ¿con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo."
Trompicando terrones,
pisoteándolo todo,
oliscando las hojas,
husmeando lacias flores,
llega el hormiguero oso;
el tacurú despanzurra;
bamboleando el morro
se come las hormigas,
y con sus garras duras
la despensa derrama,
llenándose la tripa
la inconsciente cigarra.
Que siempre brutos truecan
ahorros en miseria,
la virtud en pereza,
y en caos la inteligencia.
