lunes, 8 de noviembre de 2010

Ab inferis

Yo he visto ayer, por televisión, a Judas. Ya le conocía pero hacía tiempo que no me topaba con él tan de cerca. He visto a los idólatras que lo encarnan sitiar al Papa. La sombra maléfica de Judas intentando opacar la clarísima estela que a su paso iba dejando un hombre santo y sabio; intentando capitalizar, como respaldo a sus criminosas tesis identitarias, la visita de pastor universal de Benedicto XVI a Cataluña dentro de España.
Judas se colgó de un árbol incapaz de encajar su enorme fiasco al comprobar que el lider político, el caudillo liberador del pueblo judío que él buscaba en el Cristo era sólo una víctima propiciatoria dispuesta a morir por la salvación del hombre, despejando el camino de cada hombre hacia el Dios que a todos ama, romanos y judíos. Y le vendió y, al venderlo, hizo posible el cumplimiento de las escrituras y el proceso de salvación que no entendía; y tras intuirlo se quitó la vida, lo que implica un cierto, aunque errado, arrepentimiento que yo no he visto ni veo en los Judas nacionalistas décimonónicos, que son más condenables que su arquetipo ya que ansían el poder temporal no para hacer libres sino para crear esclavos y garantizarse su explotación, henchidos de soberbia y sin lugar para el arrepentimiento.

(Zapatero se fué de repente a Afganistán)

Zapaterín se nos marchó,
desatentado y altivo,
corriendito hacia la guerra.
Calzó chaleco antibalas
que nunca le protegiera
de la límpida palabra
del sabio que acá llegó
a soldar nuestro destino,
con alma magna y abierta,
a la familia sagrada.
-------------------------

No hay comentarios:

Publicar un comentario