Hermosa y significante expresión del derecho antigüo que exigía cuidado y celo en el tratamiento de las cosas, bienes o derechos ajenos confiados a nuestra vigilancia o uso. ¿A qué suena ahora?. A sandez, o mejor, a nada: simple y llanamente no suena.
Bordeaba yo en sereno paseo la segunda playa del Sardinero, en compañía de uno de los varios amigos ocasionales que he venido haciendo a lo largo del verano mientras mi mujer gozaba directamente del mar en la playa primera, cuando dimos en comentar la actualidad, tanto política como económica, y dió la conversación en el despilfarro de fondos en que incurren las administraciones de todo tipo en las distintas taifas españolas.
Convinimos pronto, mi interlocutor y yo, en que mucho se debía a la desaparición del vocabulario (e ideario) socialista de los conceptos básicos, lo que prácticamente garantiza la imprudencia ,si no la infidelidad en la custodia de los fondos a dichas administraciones confiados por el común, y que quienes están al frente de las mismas llegan a confundir con su propio patrimonio pero que, curiosamente, tratan con muchísimo más desahogo en el gasto que su peculio.
Entre los conceptos desaparecidos del ideario sociogobernante están, por ejemplo: Diligencia ,absolutamente desconocido. Padre: subsistente sólo en la acepción de progenitor. Familia: éste es hasta tabú por desfasado y aburrido; subsistente únicamente para designar las monoparentales, las constituídas por parejas homosexuales y las mafiosas.
Mi compañero y yo incurríamos en un cierto pesimismo en nuestros comentarios y apreciaciones sobre el tema, considerando la redención de nuestra sociedad punto menos que imposible salvo pronta e improbable reacción dada la casi absoluta ausencia de valores en que chapotea. Y vinimos a concluir lo siguiente.
Puesto que ninguna civilización (lección de la Historia) puede vivir sin un valor supremo, echemos mano de nuestro innato sentido de trascendencia y pidamos a Dios (con la debida humildad que nos hará reconocer nuestras carencias) luz suficiente para reencontrar valores fundamentales como el de esfuerzo , el de respeto , el de libertad , el de responsabilidad y el de honestidad en el trabajo intelectual ; y tras dirigir el petitum al Supremo Hacedor pongámonos a trabajar (y luchar) para facilitar la recuperación de aquellos, para allanar el camino de su llegada.
Cuando el aire se oscurece
y todo se desdibuja,
el suave viento endurece
y enloquece hasta la aguja
de marear, y mi vuelo
se hace raso e indeciso ,
lo que no tengo y preciso,
lo que, pobre, más anhelo
es luz del séptimo cielo.
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Bordeaba yo en sereno paseo la segunda playa del Sardinero, en compañía de uno de los varios amigos ocasionales que he venido haciendo a lo largo del verano mientras mi mujer gozaba directamente del mar en la playa primera, cuando dimos en comentar la actualidad, tanto política como económica, y dió la conversación en el despilfarro de fondos en que incurren las administraciones de todo tipo en las distintas taifas españolas.
Convinimos pronto, mi interlocutor y yo, en que mucho se debía a la desaparición del vocabulario (e ideario) socialista de los conceptos básicos, lo que prácticamente garantiza la imprudencia ,si no la infidelidad en la custodia de los fondos a dichas administraciones confiados por el común, y que quienes están al frente de las mismas llegan a confundir con su propio patrimonio pero que, curiosamente, tratan con muchísimo más desahogo en el gasto que su peculio.
Entre los conceptos desaparecidos del ideario sociogobernante están, por ejemplo: Diligencia ,absolutamente desconocido. Padre: subsistente sólo en la acepción de progenitor. Familia: éste es hasta tabú por desfasado y aburrido; subsistente únicamente para designar las monoparentales, las constituídas por parejas homosexuales y las mafiosas.
Mi compañero y yo incurríamos en un cierto pesimismo en nuestros comentarios y apreciaciones sobre el tema, considerando la redención de nuestra sociedad punto menos que imposible salvo pronta e improbable reacción dada la casi absoluta ausencia de valores en que chapotea. Y vinimos a concluir lo siguiente.
Puesto que ninguna civilización (lección de la Historia) puede vivir sin un valor supremo, echemos mano de nuestro innato sentido de trascendencia y pidamos a Dios (con la debida humildad que nos hará reconocer nuestras carencias) luz suficiente para reencontrar valores fundamentales como el de esfuerzo , el de respeto , el de libertad , el de responsabilidad y el de honestidad en el trabajo intelectual ; y tras dirigir el petitum al Supremo Hacedor pongámonos a trabajar (y luchar) para facilitar la recuperación de aquellos, para allanar el camino de su llegada.
Cuando el aire se oscurece
y todo se desdibuja,
el suave viento endurece
y enloquece hasta la aguja
de marear, y mi vuelo
se hace raso e indeciso ,
lo que no tengo y preciso,
lo que, pobre, más anhelo
es luz del séptimo cielo.
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