No soy filósofo, ni teólogo, ni literato...¡ni nada!. Soy un diletante en lo del escribir que se desliza por el tobogán del pensamiento con la vana esperanza de invitar a otros a seguirme, sin saber siquiera si lo consigo, que es lo mejor del caso. Y hoy me surge un tema de mucho calado.
-Déjame guiarte hacia la libertad!.-Tengo mucho miedo...
Ofrecimiento y respuesta.
El miedo ni es mucho ni poco...es siempre miedo. Puede superarse o no. Pero es sólo miedo.
El exceso de miedo puede llamarse cobardía, al igual que el exceso de valor se llama temeridad. Y así como el valor genera esperanza, la cobardía conduce al resentimiento que lleva a imputar al excelente la responsabilidad de nuestras propias lacras.
He ahí como el miedo resulta destructivo no sólo para quien se deja dominar por él sino también para su entorno, y muy especialmente para el valiente y aún para el prudente, a quien se intenta anular aireando el mal ejemplo del temerario.
El miedo es el padre de la cobardía y del resentimiento y primo hermano de la envidia.Aunque a veces se acompañan no son lo mismo el miedo y la indecisión , o duda metódica.
Al héroe, máxima expresión del valiente, se le muestra, se le expone y se le propone como ejemplo a seguir. Al cobarde se le esconde y ello puede generar el tipo de cobardía más peligroso y reprobable por su capacidad de crueldad ilimitada: se trata de la que poseía a los directores de los campos de concentración nazis p.e.
Una faceta del miedo es la pusilanimidad , que no es sino consciencia de la propia limitación; pusilánime es, por ejemplo, el políticamente correcto, que acaba viviendo escondido en su propio vacío. El prudente, en cambio, introduce en su quehacer la economía de costes, pudiendo muy bien estar la prudencia al servicio del coraje .
En el coraje residen toda la grandeza y toda la miseria. Ser corajudo implica tener conciencia del freno en el obrar y actuar sin pusilanimidad y sin exceso de valor. Me parece que conviene recordar aquí las palabras de Horacio (el gran poeta latino): "Quien vive temeroso nunca será libre", que enlazan con mi invitación del principio ; y las de Unamuno: "No cabe el orgulla entre haraganes".
Y, para terminar (tras recordar el capítulo XX del Quijote, o aventura de los batanes) me pregunto:¿Somos predominantemente cobardes los españoles a pesar de las gestas de no pocos? ¿Somos Quijotes o Sanchos?. Estoy convencido de que los españoles no somos sino Sanchos con fama de Quijotes.
Si vamos por el camino
de miedo muertos,
ha de ser nuestro destino
fracasos ciertos.
......................................
Una faceta del miedo es la pusilanimidad , que no es sino consciencia de la propia limitación; pusilánime es, por ejemplo, el políticamente correcto, que acaba viviendo escondido en su propio vacío. El prudente, en cambio, introduce en su quehacer la economía de costes, pudiendo muy bien estar la prudencia al servicio del coraje .
En el coraje residen toda la grandeza y toda la miseria. Ser corajudo implica tener conciencia del freno en el obrar y actuar sin pusilanimidad y sin exceso de valor. Me parece que conviene recordar aquí las palabras de Horacio (el gran poeta latino): "Quien vive temeroso nunca será libre", que enlazan con mi invitación del principio ; y las de Unamuno: "No cabe el orgulla entre haraganes".
Y, para terminar (tras recordar el capítulo XX del Quijote, o aventura de los batanes) me pregunto:¿Somos predominantemente cobardes los españoles a pesar de las gestas de no pocos? ¿Somos Quijotes o Sanchos?. Estoy convencido de que los españoles no somos sino Sanchos con fama de Quijotes.
Si vamos por el camino
de miedo muertos,
ha de ser nuestro destino
fracasos ciertos.
......................................

No hay comentarios:
Publicar un comentario