Tras las fiestas navideñas, con la desconexión de la rutina que conllevan, me da por rememorar ciertos acontecimientos reveladores que han tenido lugar durante los últimos días y que ofician como subrayantes de dichos o hechos, destacándolos con verdadero descaro en el gris discurrir de los días de un jubilata que, además, disfruta con su situación absolutamente decolorada.
-Quita de casa todos los símbolos religiosos. No quiero que mi hija pueda ver icono alguno de carácter religioso. Si no lo haces...sintiéndolo mucho...no iré a tu casa con mi familia.
Absurdo. Condenable y ridículo. Aparte de la imposibilidad de quitar de la vista de la niña una catedral, o el esquinazo aquél con la Madre de Dios en hornacina, o las cruces en los dinteles o...con el consiguiente riesgo de pregunta inocente en busca de explicación, el disimulo de un ¡adiós!, o de un ¡válgame Dios!, o... Es una estafa intelectual además de moral cuyo vacío (el que crea) se ha de rellenar con algo segúramente menos satisfactorio.
Dejando a un lado la situación descrita, propia de los cienciómanos estreñidos que disfrutan enseñando las leyes con arreglo a las que funciona la naturaleza, o el hombre, y silencian cualquier alusión al origen de ambos o a su finalidad ; dejando a un lado tanta y tan grande esquizofenia, me vienen a la mente los desmesurados tropezones y las tropelías de unos gobernantes que no nos merecemos de puro extravagantes y que no se han tomado las vacaciones que todos desearíamos en evitación de mayores sinrazones.
He visto con claridad, y el resentimiento que segrega la impotencia generada por la pasividad de una sociedad castrada, cómo los múltiples gobiernos que en España son han aplastado al hombre echándole encima el territorio y la avaricia voraz de los territoriotenientes, que reciben más cuanto más levantiscos; he visto a los menos subirse a la parra para practicar arriba el deporte de comerse las uvas de los más ...¡y con gran regocijo por parte de ellos!.
He visto a dichos gobiernillos acaparar medios de comunicación que, además someten a licencia, secuestrar la educación de los hijos de los demás, dictar lo que es, o no es, políticamente correcto y hasta negar la libertad de conciencia.
¿Dónde la sociedad libre?. ¿Dónde el libre albedrío?. La bestia parda de los partidos políticos, en pleno descrédito ya, han sumido el conato de democracia que surgió tras la muerte de Franco, en un magma de perfecta opacidad, de mediocridad fulgurante, de cobardía institucionalizada, de adulación enaltecida y, últimamente, de delación repulsiva. Magnífico sendero para alcanzar la más perfecta degeneración luciferina: en eso (y sólo en eso) son ya doctores cum laude.
Nuestra sufrida y nonata democracia ha devenido de presunto gobierno del pueblo para el pueblo a dominio de éste por una casta privilegiada que lo sangra sin piedad, económica y moralmente. Esos bárbaros han fusilado la excelencia, denostado el esfuerzo y arrojado por el retrete la igualdad de oportunidades. No queda ya sino tirar de la cadena.
El Hijo de Dios bendijo
el agua, el vino y el pan,
y sobre la santa mesa
dejónos una promesa:
"Firmes mis puertas estarán,
no dudéis"; eso nos dijo.
"Yo he de estar con vosotros
hasta que todo perezca";
¡amén!...y hasta que aparezca
para juzgar a unos y otros
llegado el último día,
cumplida la parusía.
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-Quita de casa todos los símbolos religiosos. No quiero que mi hija pueda ver icono alguno de carácter religioso. Si no lo haces...sintiéndolo mucho...no iré a tu casa con mi familia.
Absurdo. Condenable y ridículo. Aparte de la imposibilidad de quitar de la vista de la niña una catedral, o el esquinazo aquél con la Madre de Dios en hornacina, o las cruces en los dinteles o...con el consiguiente riesgo de pregunta inocente en busca de explicación, el disimulo de un ¡adiós!, o de un ¡válgame Dios!, o... Es una estafa intelectual además de moral cuyo vacío (el que crea) se ha de rellenar con algo segúramente menos satisfactorio.
Dejando a un lado la situación descrita, propia de los cienciómanos estreñidos que disfrutan enseñando las leyes con arreglo a las que funciona la naturaleza, o el hombre, y silencian cualquier alusión al origen de ambos o a su finalidad ; dejando a un lado tanta y tan grande esquizofenia, me vienen a la mente los desmesurados tropezones y las tropelías de unos gobernantes que no nos merecemos de puro extravagantes y que no se han tomado las vacaciones que todos desearíamos en evitación de mayores sinrazones.
He visto con claridad, y el resentimiento que segrega la impotencia generada por la pasividad de una sociedad castrada, cómo los múltiples gobiernos que en España son han aplastado al hombre echándole encima el territorio y la avaricia voraz de los territoriotenientes, que reciben más cuanto más levantiscos; he visto a los menos subirse a la parra para practicar arriba el deporte de comerse las uvas de los más ...¡y con gran regocijo por parte de ellos!.
He visto a dichos gobiernillos acaparar medios de comunicación que, además someten a licencia, secuestrar la educación de los hijos de los demás, dictar lo que es, o no es, políticamente correcto y hasta negar la libertad de conciencia.
¿Dónde la sociedad libre?. ¿Dónde el libre albedrío?. La bestia parda de los partidos políticos, en pleno descrédito ya, han sumido el conato de democracia que surgió tras la muerte de Franco, en un magma de perfecta opacidad, de mediocridad fulgurante, de cobardía institucionalizada, de adulación enaltecida y, últimamente, de delación repulsiva. Magnífico sendero para alcanzar la más perfecta degeneración luciferina: en eso (y sólo en eso) son ya doctores cum laude.
Nuestra sufrida y nonata democracia ha devenido de presunto gobierno del pueblo para el pueblo a dominio de éste por una casta privilegiada que lo sangra sin piedad, económica y moralmente. Esos bárbaros han fusilado la excelencia, denostado el esfuerzo y arrojado por el retrete la igualdad de oportunidades. No queda ya sino tirar de la cadena.
El Hijo de Dios bendijo
el agua, el vino y el pan,
y sobre la santa mesa
dejónos una promesa:
"Firmes mis puertas estarán,
no dudéis"; eso nos dijo.
"Yo he de estar con vosotros
hasta que todo perezca";
¡amén!...y hasta que aparezca
para juzgar a unos y otros
llegado el último día,
cumplida la parusía.
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