martes, 18 de enero de 2011

He caminado la vida sobre una arista horizontal; a uno y otro lado de la senda seguida me he asomado a simas insondables que parecían ser cumbres inalcanzables pero que, bien miradas, no eran sino paredes de un enorme manicomio, frecuentado por gentes que se reunían para celebrar aquelarres, en los que enseñaban a los que llegaban a ser malos o a ser necios, a vivir de ser malos o de ser necios; estaba claro que allí se llegaba resbalando hacia lo más bajo, aunque estando convencido de que se hacía trepando hacia lo más alto.
En ocasiones, pocas, hablé con alguno de los que allí comían, bebían, copulaban entre risotadas y se refocilaban con toda clase de porquerías, que paladeaban como si de exquisitos placeres y sabores se tratara y no hubiera cosa más placentera ni más gustosa; les pregunté si permanecerían en el lugar mucho tiempo y me respondieron siempre en una jerga que no alcancé a compender, aunque entendí que allí se entraba pero de allí no se salía, y no por causa de ineludibles cadenas, o indestructibles puertas (que no se veían por parte alguna) sino porque estaban atados de por vida por el gusto a toda aquella bajeza, hasta el punto de no concebir la existencia lejos de ella.
Un buen día, sentado para descansar en un ribazo al borde de mi camino, ví cómo el horizonte se encendía , cobraba un color de arrebol que evolucionaba hacia un rojo intensísimo con ribetes de amarillo naranja y ví, en el centro de la luminaria, torres muy altas que se desmoronaban en el más absoluto silencio, sin producir polvo, y ví también cómo palacios suntuosos se iban, poco a poco, convirtiendo en toscos y cutres decorados de cartón piedra en desordenados escenarios por cuyo foro, tras empaparse en agua que fluía del suelo, se iban escurriendo hasta desaparecer sin dejar rastro alguno.
Tuve la sensación de hallarme como polizón en medio de un sueño, de un autoengaño...pero yo era yo, yo estaba conmigo.

Yo sé que mi enemigo
no eres tú, como yo hombre,
es el no hombre
sucedáneo del sí Dios;
puesto sobre el ara
entre muchos no hombres,
como becerro no de oro
sino hacia el oro,
que aherroja a otros yo
cuya alma devoraron
y que andan aparecidos
por caminos de la no libertad,
de la tumba de los dioses,
ilusiones espectrales,
final de los finales
herederos de la nada.
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