La gran desviación afecta sobre todo al comportamiento de las mujeres, ma las que se prohibe trabajar en ONG extranjeras, aceptar becas para estudiar en el extranjero, o viajar a La Meca si no están acompañadas en todo momento por su mahram ( acompañante masculino que puede ser el marido, el padre o el hermano).
Lo que pretendemos es sólo recordar lo que dice El Corán; así ellas no se convertirán en una tentación que puede provocar agresiones posteriores.
Nuestras mujeres tratan de imitar a las occidentales y se maquillan, visten ropa ajustada que marca sus pechos y caderas. Hay que ser rigurosos en el uso del hiyab, y cuando se siente que se puede perturbar a un hombre está permitido, incluso, taparse del todo para evitar la tentación.
Esta fatwa es un ejemplo, de lo más liviano. ¿No trata un "problema" de educación de los hombres?: porque si un hombre es un rijoso y se calienta por la pura presencia de una mujer vestida no es problema de la mujer sino del hombre. Si un hombre en el trabajo está a mirar a las compañeras e imaginarlas en pelotas, habrá que pensar en reeducarlo o alejarlo sin más, y no encerrar a las mujeres en burkas para que mo babee el gorrino.
Pasa que Europa se muere de miedo ante el mundo islámico porque ha perdido toda capacidad de defensa ante el medievo. Hay que exigir el respeto a los valores cristianos en los países que son de civilización cristiana, sin ceder ni un ápice, y a quien no le guste que se vaya donde se sienta más cómodo. El mercado laboral es un mundo abierto y debe seguir siéndolo, no debemos dejarnos cohibir en consideración a una falsa tolerancia, no podemos permitirnos que nos condicionen o manipulen los intolerantes en nombre de la tolerancia.
Tenemos la obligación, para con nosotros mismos y para con nuestros antepasados y nuestros coetáneos, de exigir que se nos respete como seres humanos, con independencia del sexo a que pertenezcamos, y hacerlo con toda energía sin, por ello, hacer casus belli de cuestiones que, siendo esenciales, han de ser contempladas como circunstanciales y personales e íntimas. En fin el texto de los Mulás se comenta por sí mismo. Ahí queda.
Aquí no caben poesías,
son míseras las palabras
del vestido de Mesías
que bala como sus cabras.
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