sábado, 26 de junio de 2010

Paganismo mortal

Estación de ferrocarril de Castelldefels (Barcelona), de noche un tren de gran velocidad que se dirige a Barcelona se lleva por delante a toda una turba de celebrantes del solsticio de verano que cruzaba las vías, haciendo caso omiso del paso subterráneo disponible, para acceder a la playa en masa a efecto de celebrar la fiesta del fuego. Trece muertos y un montón de heridos.
¿De quién es la responsabilidad de tan desmesurado como absurdo atropello multitudinario?. Desde luego de sus protagonistas pasivos, pero la causa última del siniestro no es otra, a mi modesto entender, que ese generalizado vivir en estado de todo vale, que conlleva un desprecio sistemático de las normas, de todas las normas, consecuencia del descrédito en que han caído por la intrínseca carencia de auctoritas en quien las dicta a miles y a cual más sinsentido y sin horizontes de justicia por caprichosas, por partidistas, por sectarias; ello unido al fenómeno de la masificación y el sistemático universal moverse en masa y sin opción para la reflexión inteligente.
En mi recuerdo es el tren
traqueteo y carbonilla,
mucho vapor y bufidos,
una mole de crujidos
e ingente tensión de hierros
cruzando campos de trigo
por páramos de Castilla;
con mis padres y conmigo
en asientos de madera,
pulgas en salas de espera...
y siempre acarreando el bien,
siempre visto como amigo
nunca como alud de entierros.
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